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Viernes , 22.06.2018 / 22:41 Hoy

El pozo de los deseos reprimidos

2017-09-05

Álvaro Cueva

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American Horror Story regresa más escalofriante que nunca. Ya no nos va a asustar con fantasmas, extraterrestres o vampiros.

No, ahora nos va a poner a temblar con algo verdaderamente espantoso: la realidad.

Quiero que me prometa que por nada del mundo se va a perder esto desde el primero hasta el último de sus segundos de transmisión.

Yo ya lo vi y es tremendo, fuertísimo, un golpe al cerebro porque, para acabarla de amolar, tiene que ver con nosotros en más de un sentido.

American Horror Story: Cult se estrena hoy en Estados Unidos y mañana miércoles 6 de septiembre a las 22 horas por el canal FX.

Para mí esta estrategia de lanzamiento es un acontecimiento. Nada de que la vi primero con los piratas o con mi prodigioso aparatito que se roba las señales internacionales.

Los señores del corporativo de Fox, al que pertenece FX, están haciendo un esfuerzo admirable por romper las barreras entre Estados Unidos, Canadá y la Región 4.

Si nosotros no apoyamos eso, estamos fritos. Veámoslo, respetémoslo y celebrémoslo como los televidentes civilizados que somos.

¿Qué es American Horror Story? ¿Qué tiene de especial Cult? ¿A qué me refiero cuando le digo que tiene que ver con nosotros?

American Horror Story es una serie de miniseries. Es decir, una serie donde cada temporada trata de un asunto diferente que termina y acaba ahí mismo.

El eje conductor de todo este concepto es el terror de tal manera que, al final, este proyecto termina por ser una gran enciclopedia de lo macabro.

En una temporada tenemos, por ejemplo, brujas. En otra, posesiones satánicas. En la de allá, fenómenos de circo. En la de acá, canibalismo.

Es una de las mejores series de televisión de los últimos años y en esta edición de 2017 aborda nuestro más grande problema local, nacional, norteamericano y global: el odio.

Sí, el odio que el señor de derecha siente por el de izquierda, el que los hombres sienten por las mujeres, el que los que nacieron aquí sienten por los que están llegando de otros lados, el que los heterosexuales sienten por los homosexuales.

Créame que cuando vea aquello experimentará más terror que nunca en su vida porque eso no es un juego. Es lo que todos estamos viendo. Es lo que todos estamos viviendo.

Y como usted sabe, porque los responsables de esta maravilla la han manejado con particular inteligencia en su comunicación con la prensa y las redes sociales, su punto de partida es Donald Trump.

Si a usted esto se le hace poca cosa, dígame: ¿en México podríamos hacer una serie de televisión de terror donde el mal estuviera encarnado por nuestro presidente con imágenes reales de él y con fragmentos de sus discursos?

¿En este país se podría hacer un espectáculo televisivo donde la explicación para el resultado real de un proceso electoral fuera un conflicto del más absoluto horror con conspiraciones, muertos y cosas peores?

Por favor aprecie lo que va a poder sintonizar en el canal FX.

American Horror Story: Cult es la cúspide no nada más de las historias de terror, de la mismísima libertad de expresión, una cachetada con guante blanco para todos los enemigos de productores como Epigmenio Ibarra que son víctimas de auténticas persecuciones mediáticas por el simple hecho de manejar posiciones políticas en sus series.

Aquí es donde uno se da cuenta de quién es valiente y quién, no.

Cuando usted vea todo lo que se dice en este show del famoso muro, de los tuits del presidente y de la manipulación de los videos que se suben a las redes sociales, se va a querer morir del espanto.

Pero lo peor es una parte que va a salir por ahí con mexicanos. No hay manera de ver eso, de no entenderlo como el pan nuestro de todos los días y de no sentir una herida que quién sabe cuándo y dónde cerrará.

No se deje llevar por las apariencias, esta temporada de American Horror Story se llama culto por razones todavía más poderosas que las que vamos a observar en el capítulo uno.

Y sí, habrá referencias a los payasos del terror que hemos visto ahí mismo y en un montón de películas como El carnaval de las almas (Carnival of Souls), Eso (It) y 12 horas para sobrevivir: el año de la elección (The Purge: Election Day).

Pero aquí el tema va más allá. Es nuestra polarización, nuestra intolerancia, nuestras fobias.

Y los monstruos, como en las mejores series de terror de todos los tiempos (The Walking Dead), no son los que creemos, somos nosotros, comenzando por nuestros líderes y acabando por nuestras más candorosas ilusiones.

Ni caso tiene hablar de producción, libretos o actuaciones. American Horror Story es garantía de calidad, de éxito comercial y hasta de reconocimiento artístico.

¿Verdad que me promete que va a ver esto mañana a las 22 horas por el canal FX? Le doy mi palabra de que le va a encantar. De veras que sí.

alvaro.cueva@milenio.com

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