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Miércoles , 21.11.2018 / 11:08 Hoy

Columna de Alma Delia Murillo

Futbol y lenguaje, ¿puto?

Alma Delia Murillo

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Desde luego que las palabras no son inocentes. Ninguna palabra y ninguna frase lo es: ni puto ni te amo. Y se puede hacer tanto daño con una expresión como con la otra.

Escribí esa reflexión cuando en los juegos por la Copa Mundial 2014, la FIFA —bastión de la conducta intachable y dueña de una vocación incorruptible (inserte aquí su carcajada)— promovía la sanción por el grito de la palabra “puto” durante los partidos.

Me voy a poner maniquea: ¿sabían que la frase “te amo” es el argumento letal que hace ceder a los niños víctimas de abuso sexual cuando viene de un adulto cercano al que ese niño o niña quiere complacer?

Si algo ha hecho evolucionar a la inteligencia humana es entender la vocación polisemántica y multisensorial de las palabras. Al menos en español, maravillosa lengua que nos da identidad, la riqueza está dada por las infinitas posibilidades de un mismo vocablo.

Hay una relación epistémica entre las emociones y las palabras, nuestro cerebro aprende cuando puede elegir y se desarrolla al experimentar un amplio arco de emociones que le permiten elegir cuándo usar una palabra y para qué. La inteligencia no crece con las prohibiciones, se achata.

Por eso taladro con que la evolución en el uso del lenguaje tendría que estar más dirigida al uso de la inteligencia y escudarse menos en la ideología porque las ideologías son conceptos rígidos (positivos o negativos) que le quedan chicos a la realidad dinámica y cambiante, características que contrastan contra las cualidades de fija y finita que tienen las categorías para una palabra y por eso “puto” ha sido mutilado a un exclusivo sentido homofóbico. Pero “puto” puede significar algo distinto cada vez porque importa el contexto, la emoción, la capacidad de discernir de quien la dice y quien la escucha. El lenguaje está vivo porque existe por y para nosotros, sus hablantes. Si queremos educar nuestra inteligencia verbal, deberíamos aprender a decidir y no domesticarnos bajo el mensaje inquebrantable de la prohibición.

Además es futbol; así como hay un código de lenguaje corporativo, otro diplomático y tantos etcéteras como congales y tugurios existen, el del futbol se expresa en un tono y códigos que no necesariamente quieren ser agresivos. Hoy, mientras caminaba por la calle, escuché media docena de este tipo de expresiones: “no mamar con ese pinche tiro”, ¿se imaginan eso expresado así: “he quedado patidifuso con la espléndida ejecución de ese tiro”? Decir que Cristiano Ronaldo “es el puto amo” es claramente una declaración elogiosa y no homofóbica.

Y que conste en actas que no aplaudo las conductas homofóbicas pero es tan ingenuo como reaccionario pensar que prohibiendo una palabra nos volveremos incluyentes; la batalla no está ahí. Como siempre digo: no creo en las cruzadas contra el mal porque no abonan al pensamiento complejo y mucho suman al radicalismo y a la miopía social.

Para terminar: no olvidemos que las reglas las imponen quienes se ostentan dueños del mundo y miren nomás cómo lo tienen, ¿de verdad organismos como la FIFA van a dirigir la moralidad de nuestra convivencia colectiva? No sé, piénsenlo. Y por hoy ya me callo la puta boca.

twitter@AlmaDeliaMC

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