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Miércoles , 14.11.2018 / 01:18 Hoy

Columna de Alma Delia Murillo

Lenguaje y futbol, un poema social

Alma Delia Murillo

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Pues ahí tienen que un ruso (no se espanten) concibió una obra fundamental para la educación y la reinserción de niños y jóvenes desplazados en un sistema social y encontró la forma de recuperarlos para vivir una vida medianamente funcional.

Se llamaba Anton Makarenko y la obra es El poema pedagógico, se consigue fácilmente impreso o en digital y es un referente obligado en asuntos educativos y de pedagogía.

Pensaba en ello en el partido Inglaterra–Croacia, pensaba en cómo un equipo de jóvenes que crecieron en medio de una guerra —me refiero a los croatas— hoy están con los ojos del mundo encima. Finalistas. Hicieron un recorrido histórico. Si supiéramos sus infancias a detalle, la guerra que los atravesó y sus batallas personales, sé que en más de un caso nos emocionaríamos hasta las lágrimas.

El futbol nos hace reaccionar como si estuviéramos en guerra, las emociones se vuelven épicas, la fiereza salvaje pesa tanto como la estrategia, y el límite de sentir que cruzamos el borde entre la vida y la muerte lo hace irresistible. Mirar a otros que llegan, que de alguna manera, rara, lejana, retorcida e inexplicable, pero nos representan.

La emoción de saber que los que no han ostentado el poder toda la vida puedan conquistarlo. La posibilidad de que gane el débil seduce en masa, el gozo de ver que el hambre conquista activa memorias y emociones atávicas y todos nos sentimos conquistadores.

Por eso es adictivo, por eso es pegamento social, por eso es intergeneracional.

No hace mucho escuché a mis sobrinos adolescentes hacer un recuento de todas las estrellas de futbol que salieron de un barrio pobre, que crecieron en el difícil entorno de la carencia, que padecieron la vergüenza de tener un padre alcohólico, que llegaron desde la periferia de este modelo económico donde no habitan los exitosos ni los que traen con el nacimiento un vaticinio de abundancia.

Ronaldinho, Cristiano Ronaldo, Messi, toda proporción guardada el propio David Beckham. Mis sobrinos hablaban de ellos y les brillaban los ojos, se levantaban del sillón, manoteaban.

Había algo, quizá simbólico, desde luego muy naif, pero algo que les susurraba: si él pudo, tú puedes.

Y pareciera una obviedad, pero qué obviedad tan poderosa, tan emotiva.
La palabra emoción viene del latín emotio derivado del verbo emovere que significa mover, trasladar, hacer mover.

Se acaba el Mundial, pero no el poder insospechado de ese poema social que es el futbol, que nos mueve tanto.

twitter@AlmaDeliaMC

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