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Fusilerías

Testigos del Cervantino

Alfredo C. Villeda

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El fusilero ya había dado por hecho otro año sin Festival Cervantino cuando su querida colega y amiga Leticia Sánchez Medel le dio el motivo ideal para hacer de lado otros compromisos laborales y enfilarse a Guanajuato: la presentación de su libro Testigos del Cervantino, que publica la Secretaría de Cultura en su colección de periodismo cultural.

El volumen recoge los testimonios de representantes de varias generaciones de reporteros que durante 40 años han cabalgado por las calles de Guanajuato para atestiguar y difundir toda suerte de actos convocados a la gran fiesta de México y América Latina, desde las miradas nostálgicas por las ambiciosas apuestas lopezportillistas hasta el desencanto por lo que consideran un encuentro en decadencia.

Pero asomarse a esas páginas, a esa polifonía de la memoria, representa también un salto al pasado porque, a la manera de un anuario estudiantil, a cada testimonio va aparejado un autor que inevitablemente se ha cruzado con su servidor en el camino de la reporteada o el trabajo de redacción, en el espectáculo o en la conferencia, en la fiesta o en el bar.

Recuerdo por ejemplo a Elda Maceda y a Patricia Velázquez Yebra en la redacción cultural de El Universal, finales de los 80, conversando con Leo Mendoza, mano derecha entonces de Paco Ignacio Taibo, quien me hizo el honor de publicar algunos de mis primeros textos en su sección, siempre con el apoyo del ya finado Alfonso Maya, quien era subdirector editorial en aquella época.

Paso las hojas y vienen más personajes a la memoria, como Luis Galindo, Juan Carlos Jiménez y Carmen García Bermejo, con quienes compartí entre 1992 y 1996 no solo la membresía laboral en Notimex, sino el espacio, pues en el segundo piso del edificio de la calle Morena estaban juntas las redacciones deportiva, en la que yo reporteaba de vez en vez, sobre todo editaba, y la cultural, en la que también figuraban Marco Silva, Blanquita Valadez y Víctor Enríquez.

Recuerdo bien a Carmen, que siempre llegaba apuradísima a escribir sus notas y se iba volando a El Financiero, donde publicaba en aquella extraordinaria sección cultural dirigida por Víctor Roura. Rememoro a Juan Carlos, siempre bromista con la plantilla deportiva, que a su vez lo llamaba La Voz, por ese grueso timbre que le caracteriza, y a Luis, Luisito para la banda, siempre elegante, de saco y corbata, con la sonrisa lista para lanzarla a la menor provocación.

Encuentro también en las páginas de este libro a Patricia Vega, Pablo Espinosa y Ángel Vargas, con quienes coincidí en los 13 años y medio que trabajé en La Jornada como editor de portada y comodín en la jefatura de redacción y la contraloría de edición, cuna ese diario de este engendro que hoy usted lee con el nombre de Fusilerías, que cumple en una semana 15 años.

Y si con Pati nunca hubo mayor acercamiento, sí con Pablo, pues en su sección publiqué algunos textos sobre rock y literatura, temas de los que solíamos hablar, antes de comenzar la aventura fusilera. Con decirles que el nombre de la columna lo acordé con él.

No puedo dejar de mencionar a otro protagonista del libro, Sergio Raúl López, El Tigre, avezado reportero que acomete con destreza similar el oficio periodístico y la fiesta dionisiaca, la edición de la nota y la crítica cinematográfica, con quien he tenido el gusto no solo de trabajar en coberturas literarias, sino de convivir como manda la tradición de estas fiestas de la cultura.

En resumen, lectura recomendada para los interesados en el Cervantino, en su versión 42, obra de una experimentada reportera que sabe de pelear la nota en la calle y en la redacción, lo que me consta en los últimos 10 años de trabajo en MILENIO, donde además de Leticia se puede hallar a otras voces del FIC, como José Luis Martínez y Jesús Alejo. Hoy, pues, la presentación del volumen en el Teatro Juárez de Guanajuato.

www.twitter.com/acvilleda

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