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Martes , 16.10.2018 / 23:13 Hoy

Fusilerías

Sobre desastres: del Vesubio a la peste

Alfredo C. Villeda

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Mary Beard es una catedrática de Clásicas en Cambridge que con las herramientas de la arqueología y la historia ha logrado un fresco distinto de la tragedia de Pompeya con la reconstrucción de los últimos días de aquella ciudad, arrasada por la erupción del Vesubio, y la desmitificación sobre higiene, burdeles y costumbres de esa población desaparecida en el año 70 después de Cristo.

Conociendo algo de la historia de esa antigua ciudad, sea por una película de Hollywood estelarizada por Kiefer Sutherland, por un poema de José Emilio Pacheco o por un ensayo como el de Beard, titulado Pompeya: historia y leyenda de una ciudad romana (editorial Crítica 2008), cuando el viajero recorre en automóvil la carretera de Roma a Nápoles no puede dejar de imaginar el horror de la población escapando de la furia del volcán, que hoy luce como una cima inofensiva junto a otra de menor altura a la izquierda del camino.

Sin embargo, la prosa de Beard pone sonidos al escape de la población, revela nombres de familias huyendo y detalla qué portaba cada miembro, frente a qué monumentos fueron alcanzados por la marea piroclástica y qué leyendas estaban inscritas sobre los mausoleos en el camino, a quién iban dirigidas, cuánto dinero llevaban los caminantes y qué objetos les eran tan preciados que no los olvidaron en su camino hacia la muerte, todo preservado en lava.

El impacto universal de esta tragedia tiene eco casi 2 mil años después. Como escribe la autora, la fuerza de los muertos de Pompeya ha pervivido hasta nuestros días y algunos moldes se han convertido en figuras del arte, como esas víctimas abrazadas (y abrasadas), “enamoradas incluso en la muerte”, evocadas por el cineasta Roberto Rossellini y los poetas Primo Levi y Pacheco, ya mencionado, hoy a debate, por cierto, el género del par de caídos.

“Voyeurismo, patetismo y lubricidad macabra, todos esos elementos contribuyen a aumentar el atractivo de estos moldes (…) Pero no todo es macabro. Y es que el impacto que producen esas víctimas proviene también de la sensación de contacto inmediato con el mundo antiguo que transmiten, de los relatos humanos que nos permiten reconstruir decisiones y esperanzas (…) No necesitamos ser arqueólogos para imaginar lo que supondría abandonar nuestras casas sin nada más que lo que pudiéramos llevar encima.”

Casi mil 600 años después del candente fin de aquella ciudad romana, una epidemia de peste bubónica azotó Londres. El flagelo viajaba entonces por varias ciudades europeas y para 1720 fue el turno del puerto francés de Marsella. Ese hecho motivó a un escritor a que con las herramientas del oficio periodístico y otras más bien vecinas a la narrativa literaria, se embarcara en una empresa ideal con la coyuntura: una investigación sobre el caso londinense.

Este texto de 1722 se convirtió en un libro clásico, considerado por muchos el primer reportaje en forma, autoría de Daniel Defoe, quien, debe aclararse, tenía cinco años cuando sucedieron los aciagos hechos a los que se refiere en su documentado trabajo.

Hay quienes nada ven de periodismo en el Diario del año de la peste y más bien advierten una recopilación histórica de los sucesos derivados de la epidemia de 1664 y el gran incendio que prácticamente destruyó Londres al año siguiente, aunque reconocen la habilidad de gacetillero de Defoe, quien selecciona las anécdotas emocionantes, dramáticas, sentimentales, moralizantes y humorísticas para su obra.

Escribe José C. Vales en la introducción del Diario editado por Impedimenta (2010): “A pesar de sus intentos ilustrados (…) Defoe construye la última danza de la muerte europea y muestra a la Parca recorriendo las calles de Londres para emponzoñar con su mano la ajetreada y feliz vida de la urbe. Las danzas de la muerte se regodeaban en las agonías, en los enterramientos, en los cadáveres, en la descomposición de la carne y en otros efectos llamativos, y Defoe no desprecia la posibilidad de entregarse también a este efectismo periodístico”.

Del Vesubio a la peste, dos obras sobre desastres.

www.twitter.com/acvilleda

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