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Sábado , 23.06.2018 / 06:26 Hoy

Fusilerías

“No era penal”

Alfredo C. Villeda

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La víspera del partido de Holanda contra Chile fue un domingo soleado en Ámsterdam. Todos los cafés, restaurantes y bares exhibían con carteles, colgados de sus puertas frontales, el júbilo de la afición por el paso arrollador de su selección mundialista, que venía de apabullar al campeón España, vengándose de paso de la final del certamen anterior. Su próximo rival era Chile.

Globos naranjas adornan varias fachadas y en algunos bares, a las 10 de la mañana de ese domingo, aún no termina la fiesta que comenzó el sábado. Son los afters de los afters. El ambiente mundialista puede apreciarse, también, en varios negocios diversos y edificios que salen al paso de los viajantes en los minicruceros que avanzan sobre los canales de la Venecia del Norte. Balones, banderolas y afiches a cada esquina.

“Nelson Mandela lo hizo; Winston Churchill lo hizo; los Beatles lo hicieron. Ahora es tu turno de hacer la travesía”, se lee en la promoción turística de los botes, justo frente a la estación del tren a la que el fusilero y sus dos acompañantes chilenos, el académico Patricio Meller y el periodista Juan Pablo Toro, acaban de llegar procedentes del moderno y monstruoso aeropuerto Schiphol, los tres aprovechando unas horas de la escala de un largo viaje de Oriente a América, de vuelta a casa.

—¿Listos para perder? —había soltado Meller, retador amistoso, al hombre de Migración de la terminal aérea que concedió la salida de los viajeros por unas horas. La respuesta fue la sonrisa de un aficionado más que confiado en que su Naranja Mecánica, después de despedazar a los españoles, no tendría lío alguno con los chilenos y su astro Alexis Sánchez.

—Y todavía les falta México —terció el fusilero, también ensoberbecido por el triunfo del Tri ante Camerún y el empate sin goles con el anfitrión Brasil.

Cuando Meller, venerable universitario de 75 años, relanzó su desafío a otro holandés con el que tuvo un breve y amigable intercambio de palabras, recibió la misma respuesta: una amplia sonrisa. Porque esta gente, que se emociona y vive al máximo las derrotas y las glorias de su equipo nacional, no se engancha con discusiones futbolísticas a la menor provocación. Su cuadro habla en la cancha y ellos disfrutan del espectáculo.

No viven del pasado exitoso, si bien jamás han ganado un Mundial, de estrellas como Cruyff, Neeskens, Gullit el verdadero, Van Basten, Rijkaard, Koeman, Overmars, Bergkamp y Van Nistelrooy. No viven de los tres subcampeonatos mundiales alcanzados en 1974, 1978 y 2010. Pero siguen siendo una fábrica de talento que, entre múltiples razones, el viajero puede entender cuando conoce complejos como el modernísimo instalado en las afueras de Róterdam. El Primer Mundo del balompié en toda su expresión.

A falta de interlocutores locales que se engancharan con una conversación de futbol, el trío de escala en Ámsterdam hizo su propia tertulia en una pequeña mesa banquetera del café Flame, a un costado de la terminal de los cruceros. Y cuando el colega Del Toro, escéptico de su selección chilena la víspera de su tercer juego, decía que Holanda jugaría medroso, al contragolpe, tenía toda la razón. Y con eso ganaron los naranjas al día siguiente.

Por eso no fue una sorpresa ver a los 11 del técnico Van Gaal, en los octavos de final, enfrentar el domingo pasado a México con la misma estrategia, dejando todo en los pies del famoso Robben. Sí fue novedoso, empero, ver que el Tri dominó todo el primer tiempo y buena parte del segundo, porque más allá de la táctica holandesa, parecía que no les quedaba otra más que esperar, fundidas sus estrellas por el abrasante calor brasileño. Si Del Toro tenía sus reservas, confirmadas con la derrota de Chile, no eran menos las del fusilero para el juego ante México, que solo ha avanzado al famoso quinto partido cuando ha sido sede del certamen.

Al final, déjà vu, pasó lo que ya sabe todo mundo, considerado un “robo” en los titulares de decenas de diarios de todo el mundo, y que la afición resumió con la etiqueta cibernética #noerapenal y en divertidos memes, a la que se sumó ayer el presidente Enrique Peña Nieto, cinco días después, a mitad de un discurso en materia turística. Que a Holanda, por supuesto, le importa un comino.

www.twitter.com/acvilleda

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