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Lunes , 18.06.2018 / 04:34 Hoy

Fusilerías

Música

Alfredo C. Villeda

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El estimado colega Hugo García Michel tuvo el amable gesto de invitar al fusilero a participar en un ejercicio titulado "Cien canciones, cien personalidades", para el sitio de música de la revista Nexos, consistente en saber cuál es la canción favorita o más significativa en la vida de los consultados.

En el terreno de la música, a diferencia de los libros, toda persona puede responder más de tres piezas que la hayan marcado y aun tararearlas, hasta ya saben quién, pues como ha escrito el poeta y ensayista Ramón Andrés, un salto de agua, el trueno, el ulular de los bosques, el grito y las aves, imitados todos ellos y después transformados en música, constituyen algo que hoy nos comunica con las experiencias primarias, esos sonidos forman parte de nuestro psiquismo y de un proceso mental que nos ayuda a adivinar una lejana procedencia: es la música del mito.

Desde la antigüedad y hasta Alfonso Reyes y Truman Capote (los camaleones seducidos por Mozart) se sabe incluso de algunas especies que no solo escuchan la música, sino que se deleitan. Aristóteles (384-322 a. C.) escribe en La historia de los animales que las abejas parecen disfrutar con los sonidos y Claudio Eliano (170-249 d. C.) sostiene que esos insectos sienten una especial inclinación hacia la música, y que cuando los colmeneros recurren a los sonidos y ritmos para atraerlos, acuden como por el canto de una sirena y vuelven a sus asentamientos.

M. Schneider (1946-1998) señalaba que ciertos animales sugieren melodías, ritmo instintivo, el grito que se depura y metamorfosea en un canto. "Así, pájaros, cérvidos y felinos son los inspiradores legítimos de un lenguaje nada ajeno a la música y que sirvió a los humanos para entrar en los dominios de la trascendencia."

La mitología de hecho abunda en ejemplos del factor musical, sabido que la voz, por lo demás, es el primer instrumento de la historia. Afrodita, digamos, suele ser representada con un sistro en la mano, y aunque su relación con la música no es intensa, las múltiples fiestas que se celebraban en su honor contaban con danzas y toda suerte de manifestaciones musicales.

El propio Ramón Andrés escribe en su portentoso Diccionario de música, mitología, magia y religión (Acantilado 2012) que en la tumba de Tutankhamón, descubierta en 1923, hallaron muebles, carruajes, joyas, amuletos y varias trompetas, una de ellas construida en oro y bronce, mientras que otra es enteramente de plata, y apunta que diversos relatos mitológicos refieren que los músicos y los héroes pedían ser enterrados con su arpa en tanto que instrumento que enlaza el cielo y la Tierra. "Las cuerdas, tendidas en progresión, eran la escalera (la escala) por la que el alma podía ascender al más allá."

En otro apartado relata que algunos alquimistas trabajaban con el concurso de un músico, convencidos de que la armonía producida por las notas facilitaba el acceso al logro espiritual, a la transmutación, por lo que no es una casualidad que los tratados en la materia estén enriquecidos con la plasmación de escenas musicales o de instrumentos.

Recuerda también que fue en la época de Hildegarda de Bingen (1098-1179) cuando comenzaron a propagarse las representaciones de los ángeles músicos, especialmente en los manuscritos ingleses. A partir del siglo XII los coros angélicos proliferaron en las escenas de la Natividad y la Coronación de la Virgen. "Las iluminaciones medievales acogieron no únicamente a los tañedores de trompeta, a veces de cuerno o trompa en el Apocalipsis, sino también, y con fuerza en el transcurrir del tiempo, a los que tocan instrumentos como el arpa y el laúd."

Sin entrar a debate con los antiguos que creían que "no fue el hombre el inventor de las bondades de la música, sino el dios adornado con todas las virtudes, Apolo", el fusilero invita a sus lectores que amablemente han llegado a pie firme hasta la presente línea a asomarse al sitio musical que coordina el colega García Michel en Nexos y a consultar la obra citada de Ramón Andrés, una delicia de erudición.

www.twitter.com/acvilleda

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