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Lunes , 15.10.2018 / 20:58 Hoy

Fusilerías

La trampa del lenguaje inclusivo

Alfredo C. Villeda

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La vicepresidenta del Gobierno español, Carmen Calvo, ha sucumbido a la tentación y empieza a resentir los raspones correspondientes. Han pasado tres días desde que hizo pública su petición a la Real Academia Española de un informe sobre la adecuación de la Constitución al lenguaje inclusivo y acaso la reacción más noticiosa haya sido la advertencia de nuestro compañero de páginas y célebre narrador, Arturo Pérez-Reverte, de abandonar la institución “con un sonoro portazo” de concretarse el “despropósito” o “disparate” planteado, como algunos lo han llamado.

“Tenemos una Constitución en masculino”, expresó la señora días antes de su solicitud, iniciativa que así perdió de origen su carácter neutral y se impregnó de factores políticos, ideológicos y militantes, más en el tono de las demandas de algunos colectivos feministas que, obvio, están más pendientes de cumplir con sus agendas que con los mandatos gramaticales de la lengua. Es una trampa. Un intento similar fracasó ya en Francia, donde la Academia, cuya secretaria perpetua es la historiadora Hélène Carrère D’Encausse, prohibió el uso del lenguaje inclusivo en los textos oficiales con el acuerdo del primer ministro, Édouard Philippe.

En México comenzó a popularizarse hace 18 años cuando Vicente Fox llegó a la Presidencia y algún asesor, si no es que su vocera después convertida en esposa, Marta Sahagún, le aconsejó acudir a esa fórmula con expresiones como “chiquillos y chiquillas”, “ciudadanas y ciudadanos”, “las y los mexicanos” y otras con tal grado de exageración que motivaron a no pocos a creer que iba a terminar diciendo algún día “hombres y hombras”. No faltaron los comunicadores, recuerdo ahora a Javier Solórzano, que pronto adoptaron el recurso al micrófono.

No debe confundirse, por supuesto, con la aplicación de adjetivos y sustantivos femeninos ya integrados a nuestra lengua, como “presidenta”, “ingeniera”, “arquitecta”, “jueza”, lo que ha enriquecido y hecho justicia sin duda a las mujeres que ostentan tales títulos y que hasta hace no muchas décadas eran tildadas con calificativos masculinos. Personalmente recuerdo que en Petróleos Mexicanos, donde trabajaba al tiempo que cursaba la carrera universitaria a finales de los 80, mis jefas y compañeras profesionistas eran “la ingeniero Fulanita” y “la arquitecto Sutanita”, títulos que portaban orgullosas.

El debate que la señora Calvo ha abierto en la Real Academia Española ha alertado a algunos miembros a tomar previsiones por una eventual crisis que alcance niveles internacionales, pues hay que recordar que nuestra lengua se habla en un vasto territorio de América, en Europa y en Asia. Hay 22 academias de la lengua, incluidas la Norteamericana y la Filipina, por lo que algunos miembros de la Española, citados por ABC, consideran que no hay que incurrir en disparates porque sus ecos tendrán efecto indiscutible en el extranjero.

Cito a Francisco Moreno Fernández, autor de La maravillosa historia del español (Instituto Cervantes-Espasa 2015): Las Academias han contribuido de modo decisivo a la percepción del español como unidad idiomática, dentro y fuera de sus comunidades. Las normas compartidas favorecen la identificación de los hablantes en un mismo espacio comunicativo y refuerzan la cohesión de la comunidad en cuanto a la cultura y a la percepción del mundo. (…) En virtud de esta evolución del pensamiento académico y gracias a los avances en la investigación lingüística, las normas del español en la actualidad son discutidas, elaboradas y sancionadas por todas las Academias, no solo por la Española, y se presentan en gran medida en forma de recomendaciones respetuosas con los usos cultos de cada una de las grandes regiones hispanohablantes”.

El propio Pérez-Reverte alerta sobre otro peligro. Los promotores del lenguaje inclusivo dinamitan la gramática al tiempo de fomentar la especie de que su actitud es liberal y venden la idea de que quienes defienden el uso correcto del español son conservadores y reaccionarios. Son el feminismo extremista y los siervos de la corrección política. El uso del masculino genérico del castellano, por cierto, lo comparten otras lenguas romances como el francés y el italiano.

www.twitter.com/acvilleda


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