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Domingo , 27.05.2018 / 14:25 Hoy

Fusilerías

El reino de la duda a secas

Alfredo C. Villeda

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La falta de credibilidad en las autoridades alcanza dimensiones no vistas. La duda, ese oficio que la prensa debe ejercer de forma paralela al propio, o como parte de él, hoy es una constante con sus variantes: duda crítica o metódica cartesiana, razonable con sustento en las bases del derecho, o a secas, la predominante en el nuevo mundo de internet y las redes sociales.

En la segunda parte del Discurso del método (1637), René Descartes (1596-1650) resume las cuatro reglas que ha desarrollado: a) no aceptar nada por verdadero a menos que lo conociera por evidencia; b) dividir cada una de las dificultades o problemas en partes más sencillas para resolverlas bien; c) conducir los pensamientos por el camino de la deducción comenzando por los más simples y subir poco a poco, como por grados, hasta el conocimiento de los más complejos, y d) hacer revisiones y repasos generales de modo que no se pueda omitir nada.

Descartes decidió escribir su obra en francés, y no en el latín imperante en la época, porque buscaba el público más amplio posible, desde los sabios hasta las personas menos dadas para el conocimiento, a partir de las condiciones del Renacimiento: "He querido que hasta las mujeres sean capaces de entender algo de él y sin embargo que los espíritus más sutiles encuentren material suficiente como para ocupar su atención". La aclaración, por supuesto, nada tiene que ver con misoginia, sino con el año en cuestión.

O como dice Bertrand Russell (1872-1970) en su Historia de la filosofía occidental: "Descartes escribe no como un maestro, sino como un descubridor y explorador, ansioso de comunicar lo que ha encontrado. Su estilo es fácil y sin pedantería, dirigido a los hombres inteligentes del mundo más que a discípulos".

En la cuarta parte de su obra, Descartes relata cómo se aparta de la visión tradicional relativa a las costumbres para desechar como absolutamente falso todo aquello que le ofreciera la menor duda, con el objetivo de ver si después no quedaba algo en su creencia que fuera por completo indudable.

"Así, ya que nuestros sentidos alguna vez nos engañan, quise suponer que no había nada que fuese tal y como ellos nos la hacen imaginar; y puesto que hay hombres que se equivocan al razonar, incluso sobre las más simples cuestiones de geometría, y hacen falsos razonamientos, juzgando que yo estaba sujeto a equivocarme tanto como cualquier otro, deseché como falsas todas las razones que antes había tomado por demostraciones". De aquí surge su "verdad" que reza: "Pienso, luego existo".

En el ejercicio periodístico, por supuesto, poner en duda todo es una práctica que permite recabar más información y hallar otras respuestas, ir más allá. Caso distinto, por supuesto, a quienes se cuelgan del primer caso polémico que salga a la luz para confrontar por simple dogma de fe o militancia las explicaciones, pruebas y hechos que vengan de la autoridad.

El problema de falta de credibilidad en las autoridades ha tomado dimensiones ya no digamos cartesianas, ojalá, sino homéricas en México. La historia de mentiras y resultados nulos en varios espacios respaldan esa sensación de la opinión pública, que se siente estafada en cuanto un político toma el micrófono. Ante la cauda de tomaduras de pelo y promesas incumplidas, solo queda la duda, metódica, razonable o duda a secas.

En el caso Narvarte, por ejemplo, los profesionales de la duda a secas tomaron el dato del número de periodistas muertos en Veracruz en la gestión de Javier Duarte, lo cruzaron con la amenaza que el fotógrafo asesinado dio a conocer como razón para salir de aquel estado y su ecuación daba, de inmediato, el resultado de que el gobernador fue el homicida. Hoy ya no importa si la investigación arroja datos sobre drogas en el móvil. Ya hay veredicto popular.

También sucede con el caso Iguala. Dudar de los dichos de los pillos detenidos es tan obligado como dudar de la "verdad histórica" mientras sigan saliendo datos y falte la captura de varios coacusados, pero hacer a un lado los resultados del laboratorio de Innsbruck, el máximo centro internacional de análisis en la materia, solo porque no están señalados militares en el crimen, no tiene sentido.

En el México de la confianza, en el reino de la duda a secas, bien vale la pena volver de vez en vez a Descartes.

www.twitter.com/acvilleda

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