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Martes , 19.06.2018 / 11:30 Hoy

Fusilerías

El lenguaje militar

Alfredo C. Villeda

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Mario Vargas Llosa cuenta que encontró el humor literario cuando preparaba su novela Pantaleón y las visitadoras, pero gracias a sus años como cadete, que le dieron las armas del lenguaje para imaginar la redacción de memorandos con los rebuscados giros discursivos de los mandos militares.

El quehacer militar, por supuesto, no implica que sus integrantes sean expertos en el uso correcto de la lengua. No porque sus cabezas y primeros círculos estén desprovistos de estudios, porque hoy más que nunca hay una selección de sus hombres, que incluso reciben instrucción en el extranjero. Pero a menor grado, menor preparación.

Hoy que en México puede obtenerse información vía transparencia, es posible conocer documentación que antes quedaba archivada de por vida. Por eso el Centro Pro se amparó y obtuvo un oficio fechado el 11 de junio de 2014, en el que el mando militar en Tlatlaya, Estado de México, instruye a las tropas a “operar de noche de forma masiva con el fin de abatir delincuentes en hora de oscuridad”.

Diecinueve días después, la noche del 30 de junio, 22 personas murieron en ese lugar, por lo que hay ocho militares detenidos, sujetos a proceso, así como cuatro policías, que apenas ayer salieron de prisión bajo caución de 60 mil pesos cada uno en espera de resolución judicial.

Si bien el documento hace énfasis en diversos apartados en “garantizar la seguridad de las personas inocentes”, “evitar víctimas colaterales” y, sobre todo, “respeto irrestricto a los derechos humanos apegándose a la regulación del uso legítimo de la fuerza”, el Centro Pro interpretó el término “abatir” como uno “empleado de manera unívoca para la privación de la vida humana”.

El uso que esgrime la ONG es conveniente para sostener sus alegatos de que el mando militar ordenó una ejecución. La exposición castrense, sin embargo, concuerda, a partir del oficio en su conjunto, con la definición de la palabra en el diccionario de la Real Academia Española, en el que ninguna de sus 10 acepciones lo hace sinónimo de asesinar.

La trama se complica cuando se piensa en la tropa que recibió la orden. ¿Habrán sabido esos soldados que se les pedía derribar, derrocar, echar por tierra, inclinar, tumbar o humillar a delincuentes, como propone la RAE? ¿O interpretaron el término como matar?

www.twitter.com/acvilleda

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