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Fusilerías

De las heroínas de telenovela a "El Chapo"

Alfredo C. Villeda

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Había días, en tiempos tan distantes como el siglo pasado, en que las heroínas de las telenovelas mexicanas eran amadas tanto como odiadas las villanas que les hacían la vida de cuadritos, a niveles tan infaustos en ambos casos que unas se convertían en estrellas para espectadores de lenguas tan lejanas, como el ruso y el turco, y las otras acababan como blancos de agresiones físicas en cualquier supermercado a la vuelta de la esquina.

La exportación de esos productos de Televisa lanzaron a la gloria en Europa a figuras como Verónica Castro, hoy en su segundo o tercer aire como protagonista de la serie La casa de las flores, y Thalía, que más bien prosiguió su carrera de cantante. Y no era raro enterarse en los programas y secciones impresas de espectáculos de la época, en el otro extremo, de que Fulanita o Menganita revelaban divertidas que habían padecido la furia de una espectadora que no alcanzaba a distinguir entre la actriz y la persona.

Estos episodios tan comunes en el México de finales del siglo XX, originados por una credulidad distorsionada a la televisión, no eran ajenos décadas atrás, cuando por ejemplo el invento de los hermanos Lumière puso en una sábana que servía como pantalla a Venustiano Carranza a caballo, lo que desató un tiroteo contra la imagen del presidente, como ha detallado Martín Luis Guzmán en El águila y la serpiente. Después de todo las telenovelas, decía convencido José Emilio Pacheco, eran la versión siglo XX de las novelas de folletín del XIX.

Todo esto habría parecido fantasioso a Ettore Schmitz, un italiano nacido en Trieste en 1861, mejor conocido como Italo Svevo, quien escribió en su texto “Sobre la sensibilidad en el arte”, contenido en Ensayos (Páginas de Espuma, 2014): “El ignorante no pregunta por qué se escribe poesía; y es inverosímil la anécdota que cuenta la historia de un campesino que, la primera vez en su vida que fue al teatro, se lio a bastonazos con el apuntador porque se dio cuenta de que era él quien sugería las insolencias que se proferían el marido y la mujer en el escenario”. Le parecía “inverosímil” un episodio anterior a la Revolución mexicana. Ya ni imaginar lo de las telenovelas.

De vuelta a 2018, el género que se impone es la serie, el cine en formato televisivo. La empresa Netflix es la que domina el terreno. Y aunque se renuevan plataformas de difusión y la tecnología avanza a gran velocidad, hay conductas que parecen resucitar de cuando en cuando, que se niegan a morir. Resulta sintomático, por ejemplo, que el éxito de las historias de narcos en el formato serie impacten a tal nivel que las personas sometidas a escrutinio estos días, como elegibles para integrar el jurado que juzgará a El Chapo Guzmán en Nueva York, se declaren fans de la épica esculpida alrededor de ese mundo y una de ellas de hecho quiera un autógrafo del capo de Sinaloa. De las heroínas al antihéroe.

@acvilleda





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