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Sábado , 23.06.2018 / 17:54 Hoy

Fusilerías

Checo Pérez y Colón

Alfredo C. Villeda

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Caminaba el fusilero hace unas semanas por las calles de Barcelona con la guía de su querida amiga Gaby Guardiola, quien se la rifa como cantante de rock desde sus años adolescentes, cuando coincidieron en el estudio de la lengua francesa, aunque la chica domina suertes de corte diverso, entre ellas la afinación de pianos.

Frente a la estatua de Colón, Gaby contaba que alguna vez los aficionados al famoso equipo de futbol de aquella ciudad mediterránea ataviaron al navegante con una casaca de Lionel Messi, la figura máxima del balompié mundial hoy por hoy, y así estuvo por lo menos un par de días. Pese a que los catalanes tienen otro equipo en la liga, el Español, no hay duda de que predomina la afición blaugrana.

El fusilero consideró entonces que un episodio similar es improbable en una ciudad como la de México, donde los seguidores al pambol se dividen, principalmente, entre las escuadras locales América, Cruz Azul y Pumas, más los de Chivas, que si bien es un cuadro jalisciense, mueve multitudes en la capital.

Hoy, sin embargo, el Colón del Paseo de la Reforma sería un candidato ideal para vestirse de Checo Pérez, el piloto mexicano de Fórmula Uno, que ha despertado a un tiempo curiosidad, interés y respaldo de conocedores y villamelones, como el que redacta, por el regreso de esa competencia 23 años después al circuito del Autódromo, sede habitual de conciertos.

Aunque pocos sepan de automovilismo, en comparación con otros deportes, hoy todo mundo conoce al piloto de la escudería Force India, no precisamente porque participe en los tres días de carrera en la Ciudad de México o por la copiosa información al respeto en los medios de comunicación.

—Vamos al Gran Premio de Fórmula Uno —propone el fusilero a su pequeña hija.

—Vamos —responde con entusiasmo—. Pero, ¿a quién le vamos?

—Pues supongo que a Checo Pérez, nena. Es el único mexicano en la competencia...

–¿Checo Pérez? ¡Ah, el de Infinitum!

La publicidad en televisión y periódicos ya había surtido efecto de tiempo atrás.

El deporte, así, es uno de esos factores que promueven cierto sentido de identidad, sea por un sentimiento de pertenencia a una comunidad, un nacionalismo básico o una avalancha de publicidad, comercialización y consumismo propios de la civilización occidental en curso.

Lo vemos cada vez que la selección de soccer tiene compromisos en puerta y más cuando logra algún éxito, tanto en el Ángel de la Independencia de avenida Reforma como en el monumento La Minerva de Guadalajara y en la Macroplaza de Monterrey. Las multitudes, como un todo, se agolpan para aplaudir a un grupo que, dependiente de una serie de empresas deportivas, lleva una camiseta con el escudo nacional y con eso basta para despertar un sentido de pertenencia.

La comercialización y los patrocinios en estos días avasallan de tal forma que los logotipos de las firmas inundan camisetas, autos, arenas. En Estados Unidos, por ejemplo, los viejos escenarios de la NFL del futbol americano, que llevaban nombres tan legendarios como Clandlestick Park en San Francisco o Estadio de los Tres Ríos en Pittsburgh, hoy han sido sustituidos por otros que se llaman Levi's Stadium y Heinz Field. Otros exhiben sus grandes letreros de Gillette y Bank of America. Los dueños de los equipos, por supuesto, llevan la mano.

Dicen los que saben que Checo Pérez la tiene difícil mañana domingo para lograr podio, es decir, figurar en los tres primeros lugares de la carrera y destapar la champaña, pese a que el chico Infinitum tendrá una mayoría aclamándolo desde las gradas del circuito del poniente capitalino. El Colón de Reforma podrá navegar tranquilo este domingo.

www.twitter.com/acvilleda

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