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Domingo , 16.12.2018 / 07:22 Hoy

Columna de Alfredo Castillo

El sacrificio de los padres en el deporte

Alfredo Castillo

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Para la mamá y los abuelos de mi pequeña Nicole.

Pocas reflexiones tan extraordinarias he leído sobre el deporte como la que transcribo a continuación. Después de enviársela a algunos amigos que han sacrificado su vida en pos de que sus hijos fueran campeones, me sentí obligado a compartirla con un público más amplio. Agradezco a Milenio su generosidad para que más lectores puedan comprender lo que implica para los padres apostarle todo –literal- a sus hijos en miras de que destaquen en el deporte que tanto aman.

Hace unos días en Wimbledon, el tenista argentino de 28 años Guido Pella (85 ATP), logró la victoria más importante de su carrera al vencer al croata número 5 del mundo, Marin Cilic, finalista del año pasado.

Una victoria que va más allá de un mero resultado para la estadística de su historial, sino que puede tener un valor emocional gigante para todos los que estuvieron con él. La carrera de aquellos que se dedican al tenis no es fácil y es más solitaria que la mayoría de los deportes, una realidad que reflejó la madre de Guido en una carta después de la victoria sobre Cilic:

“No es solo un triunfo y tal vez no tenga nada que ver con el tenis. Es sacarse la camiseta de jugador y ponerse la de la persona que está dentro de una cancha. No son games, set, es mucho más que un partido. Es la vida, la que va pasando dentro de un club, en un aeropuerto en la soledad de una habitación de hoteles en lugares recónditos. No es Wimbledon, son los torneos los que ya ni recuerdo su nombre, las horas interminables arriba de un auto o esperando el colectivo más barato. No es la marca que hoy lo viste, son las veces que lavamos la misma remera y la secamos con un secador de pelo y mucha veces húmeda servía para jugar el próximo partido. No son los aplausos, la gente que hoy te rodea, la luz de la cámara encendida hablando de la hazaña que acabas de hacer. Son los años en soledad, son las críticas recibidas, es la desesperanza frente a cada fracaso, la desilusión, el cansancio. No es el dinero que ganas hoy. Es todo el que pedimos, el que debemos, el que aún no alcanza para poder acompañarte. Eso... acompañarte. Porque no son las lágrimas de alegría, son las de tristeza, las que brotan del alma cuando recordamos esos tiempos donde te dejamos solo. Donde hubo que elegir. Las mismas lágrimas de ese día en la terminal de ómnibus que con solo 14 años te fuiste a vivir solo, a enfrentar un mundo al que no te habíamos preparado porque tampoco nosotros conocíamos. Un mundo donde no había una mamá que te despertara y te vistiera dentro de la cama porque tenías frío en esas mañanas como las de hoy, ni te llevará el desayuno con los brownies que hace un tiempo ya los tenés prohibidos. Una vida sin el papá que se ponía los cortos, agarraba una raqueta y mágicamente se convertía en el profesor de tenis. Sin tus hermanas, sin poder ser tres en uno como lo fueron siempre. Sin tu familia, sin tus amigos. Te merecías ganar, seguramente no más que todos los que al igual que vos luchan por sus sueños vestidos de blanco inmaculado y tal vez ni siquiera pueden estar algún día ahí, en esa cancha; la número 1 de la Catedral del Tenis. Te merecías ganar y me guardo el porqué, porque hay cosas que no tienen que ver con el tenis, sino con la vida y la vida justamente es lo que ocurre fuera de esa cancha de tenis”.

“Y hoy nos regalaste y te regalaste este triunfo. Para Cata que sigue luchando contra todo y contra ella misma para poder seguir, por Sol que fue nuestro mayor costo de oportunidad, por papá que sigue trabajando más que el primer día y sufre en silencio entre cuatro paredes de una oficina mientras le voy pasando game a game tu resultado... y por mí, que sigo llorando a ese nenito que hace 14 años se fue en el colectivo más barato de la terminal de ómnibus de Bahía Blanca con rumbo a Buenos Aires y destino incierto”.

Al final, cuántos padres no le dedican miles de horas a entrenar a sus hijos por unos minutos de gloria. Pella lo pudo hacer en Wimbledon, pero hay miles que su sueño queda en pequeños torneos y su gloria es ahí, solos en una cancha, en un lugar apartado, jugando contra un desconocido. Pero al igual que los otros, es buscar la gloria por la victoria.

Twitter@ACC_Castillo


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