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Martes , 11.12.2018 / 01:12 Hoy

Opinión

Autonomía universitaria a conveniencia gubernamental. Parte I

Alfonso Yáñez

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Con el beneplácito de los gobiernos federal y estatal, en 1956, la Universidad de Puebla alcanzó su autonomía, proyecto con una larga historia que se remonta al siglo XIX.

A lo largo del siglo XX, la lucha por la autonomía transcurrió en medio de divergencias profundas entre liberales y conservadores, izquierda y derecha. Finalmente se obtiene a finales de 1956, con el aval de ambos sectores, acotada por la creación del llamado "Consejo de Honor".

Con astucia y sensibilidad, los dirigentes de la Federación Estudiantil Poblana (FEP) tuvieron en cuenta el contexto político nacional y estatal, como la gran huelga de más de 80 mil estudiantes que encabezaban los estudiantes del Instituto Politécnico Nacional, la incipiente insurgencia magisterial de la sección IX del SNTE que dirigía Othón Salazar Ramírez, entre otros, y la creación de los centros escolares, la obra más trascendente del gobierno de Rafael Ávila Camacho.

Consecuente con su interés la dirección de la FEP con su silencio apoyó la introducción del ejército en las instalaciones e internado del Politécnico, la aprehensión de decenas de jóvenes estudiantes y la represión policiaca contra los profesores de la IX que dos años más tarde, en agosto de 1958, dieron muestras de una combatividad admirable. En contra parte, esa dirección estudiantil poblana expresó el 7 de noviembre de ese 1956 que: "con el anteproyecto que el gobernador ha elaborado, se encuentran satisfechas las demandas del estudiantado (con respecto a la autonomía) y tales conceptos fueron reiterados en el Congreso del Estado, el 22 noviembre se expresó: "debemos de agradecer al ejecutivo del estado la aceptación para promover la iniciativa de Ley (para otorgar la autonomía) y para diferenciarse de los politécnicos", se agregó: muchas universidades "están atentas al movimiento Pro-Autonomía Universitaria de Puebla, puesto que ellas seguirán los pasos moderados y de ponderación que el estudiantado poblano ha manifestado a toda la sociedad poblana".

Dos hechos contribuyeron sustantivamente a la necesaria autonomía: Al inicio del gobierno de Rafael Ávila Camacho (1951-1957) éste nombró a militares como autoridades académicas y administrativas universitarias lo que creó malestar entre los estudiantes que reunidos en lo que fue el salón de proyecciones del primer patio del Carolino expresaron al gobernador ahí presente su inconformidad, el estudiante de medicina Jaime Paredes Ugarte encaró al gobernante con la pregunta siguiente: "¿cree usted pertinente que un grupo de universitarios dirigiera el Colegio Militar del cual usted ha sido director?" Como los ánimos estaban caldeados, Ávila Camacho abandonó el salón expresando: "Pues quédense con su Universidad".

El otro hecho se inició con la sólida oposición a segregar de la Universidad los estudios de bachillerato para que el gobierno del Estado se hiciera cargo de ellos. La ferra resistencia a los deseos gubernamentales de parte de consejeros universitarios encabezados por el director de la Preparatoria Nocturna, Antonio Esparza Soriano obligó al gobernante a enviar al Congreso del Estado una nueva iniciativa para reconocer a los Centros Escolares su capacidad para la educación preparatoria con la supervisión de la Universidad, a la cual se le respetó sus programas y planta de maestro de sus preparatorias.

En Puebla, la lucha por la autonomía no terminaría, propiamente, en 1956, sino que daría lugar al movimiento de la reforma universitaria de 1961 y a la nueva Ley Orgánica de la Universidad Autónoma de Puebla, de agosto de 1961 y 1963, donde se reconoce la plena autonomía de la institución, anulando al Consejo de Honor y al Patronato Universitario.

La Universidad, "desde su fundación como casa de estudios ha cambiado de acuerdo a las circunstancias históricas del país. Significativo fue transformar el Colegio del Espíritu Santo en Colegio del Estado y, a su vez, cambiar este a Universidad de Puebla y después a Universidad Autónoma de Puebla".[1]

Antecedentes

La lucha por la autonomía de la universidad poblana fue larga.[2]

La FEP (Federación Estudiantil Poblana) retomaría una vieja petición nacida en la segunda década del siglo XIX y que se expresaría una y otra vez durante el siglo XX.

Desde 1917, el gobernador Alfonso Cabrera Lobato pensaba ya en la transformación en Universidad del Colegio del Estado, que clausuró en 1919.

En la Constitución Política del estado de Puebla de 1917 se establece ya la posibilidad de que el Colegio del Estado se eleve a universidad y se precisan los niveles académicos que la integrarán, empezando por la escuela preparatoria".[3]

En 1923, el gobernador Froylán C. Manjarrez formó el Consejo Consultivo de Educación, que pretendía someter dicho Colegio a los criterios gubernamentales; los estudiantes se opusieron y demandaron la transformación del Colegio en Universidad.

Nuevamente, en 1926, "un año antes de celebrarse el primer centenario del Colegio del Estado", estudiantes y maestros promovieron que el Colegio se elevara al rango de Universidad.

"Las condiciones estaban dadas: contaba con la escuela preparatoria y con cinco escuelas profesionales, sustentadas por un cuerpo docente que reunía a los profesionales e intelectuales más connotados de la ciudad...."[4]...

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