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Martes , 13.11.2018 / 21:46 Hoy

Apuntes pedagógicos

Reformar la reforma educativa

Alfonso Torres Hernández

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Las elecciones del 1 de julio de 2018 trajeron consigo un nuevo panorama político y social en México. Esta coyuntura implica inicialmente que la sociedad piense en posibilidades de cambio en distintos órdenes de la vida, entre ellos el educativo. El desafío del cambio educativo se presenta complejo. Reformar la educación pública, no sólo es pensar en las aspiraciones e intenciones, también lo es el pensar en los actores, los procesos, los medios, los campos de lucha. Pensar en puntos de partida y de llegada, pero también en continuidades y rupturas, en la tradición y en la innovación. Reformar la reforma implica entonces en replantear nuestros posicionamientos y reformar nuestro pensamiento. Edgar Morin (2007) le llama “tener la cabeza bien puesta”, es decir, la capacidad para plantear y analizar problemas además de tener organizado nuestro saber para darle sentido.

He mencionado en apuntes anteriores, la necesidad de tener presente dos elementos: la evaluación de políticas y el diagnóstico. La evaluación de la política educativa ofrecería información sobre su diseño, implementación, gestión, resultados y logros de cada uno de los programas desarrollados, pero también ofrece una valoración integral de la gestión gubernamental e insumos para la toma de decisiones sobre su permanencia, modificación o remoción. La implementación de políticas educativas de orden neoliberal en las últimas décadas, han dejado una situación educativa deteriorada en varios sentidos, particularmente el referido a la lógica económica que domina los procesos en materia curricular, de formación y de gestión. Todas ellas deben ser evaluadas. El diagnóstico permite conocer periférica o profundamente, según sea el caso, la situación que guarda la educación en materia pedagógica, escolar, de formación docente, laboral e institucional, de gestión y organización, de infraestructura y equipamiento. Un diagnóstico bien elaborado nos ayuda a definir objetivos y rutas, líneas de intervención y acción. Con estas dos tareas (evaluación y diagnóstico) se tiene mayor claridad para el diseño e implementación de política.

Al gobierno electo, se le presentan grandes desafíos educativos. El principal de ellos lo representa la ruptura con una cultura construida en varias décadas. La narrativa instalada de que “no hay cambios y sólo es más de los mismo” implica una resistencia cultural enorme que apunta hacia la defensa de privilegios, zonas de confort, tradiciones y costumbres, roles y status. Bordar una ruptura cultural en el campo educativo necesariamente tiene que iniciar con políticas que se relacionen con la cultura local de las escuelas e instituciones educativas. No se puede pensar ya en procesos de cambio estandarizado, sin considerar las particularidades del contexto sociohistórico local y sus actores.

Los otros desafíos para reformar la reforma educativa se cuentan por sí solos. Apunto algunos de ellos que considero relevantes:

• Evaluar y replantear el sentido y objetivos de la reforma constitucional en materia educativa de 2013. El rechazo de los maestros y gran parte de la sociedad no es gratuito. Los objetivos planteados no tuvieron el soporte de estrategias adecuadas para su logro. La dirección de los recursos presupuestales fue desviada para cuestiones banales. El encono generado hacia los maestros, señalándolos como culpables del fracaso educativo fue intencionado, con fines políticos, de debilitamiento labor e imperdonable. La centralización de la reforma en la evaluación docente, fue una decisión equivocada y malintencionada.

• El desafió de un ejercicio presupuestal donde la atención a lo educativo sea lo primordial. El ejercicio presupuestal en los últimos años para infraestructura educativa fue lamentable. Nunca se definió con claridad los criterios para su implementación y los desvíos para otras cuestiones tuvieron la complicidad de distintas instancias y funcionarios. Sin dejar de mencionar los costos elevados de materiales, servicios y mano de obra.

• Se tiene el desafío de retornar a una formación más humanista y social. En las últimas décadas, la tendencia a responder a la lógica económica neoliberal, llevó a impulsar la educación tecnológica, en sentido tecnocrático, por encima de las ciencias y humanidades. Una revisión curricular en la educación obligatoria y en la educación superior pública, es necesario para reorientar una formación ciudadana que hoy está en decadencia.

• La formación docente, como un cuarto desafío, ocupa un lugar relevante. Se tiene que pensar en los docentes para un cambio educativo. Fortalecer su formación inicial con un programa que implique darles un lugar preponderante a las escuelas Normales para su desarrollo institucional integral. Fortalecer a la Universidad Pedagógica Nacional y sus Unidades en los estados, definiendo su situación jurídica y con una inyección presupuestal, acorde a su proyecto académico y condición de institución de educación superior. Repensar los procesos de capacitación y actualización para establecer programas de formación y superación profesional que permita a los docentes el desarrollo de sus capacidades de pensamiento y acción.

Quienes asuman la responsabilidad de la educación pública en nuestro país deben tener claridad que ello implica una gran responsabilidad social y que reforma la reforma educativa exige en gran medida considerar la participación de los docentes en los distintos niveles de decisión: evaluación, diagnóstico, diseño e implementación.

torresama@yahoo.com.mx

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