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Sábado , 23.06.2018 / 06:00 Hoy

Apuntes pedagógicos

Las normales rurales y el maestro rural

Alfonso Torres Hernández

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Va por los 43

La desaparición de 43 estudiantes normalistas rurales de la escuela Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, Guerrero, los días 26 y 27 de septiembre de 2014, puso en entredicho una vez más la certidumbre del Estado en materia de respeto a los derechos humanos, de no criminalizar la protesta social, de la seguridad y del proyecto educativo en el campo de la formación de maestros. Particularmente en este último, existe un fuerte cuestionamiento sobre el lugar que ocupa hoy en la política educativa el asunto de las Escuelas Normales Rurales. Es relevante entonces recuperar algunos apuntes al respecto.

Producto de la Revolución Mexicana de 1910, el proyecto educativo se encamino a la atención del ámbito rural y para ello, la formación de maestros rurales cobro relevancia. En 1922 se abrió la Escuela Normal Regional de Tacámbaro, Michoacán, la primera escuela federal encargada de la preparación de maestros para escuelas rurales. Este proyecto educativo surge con la premisa de articular la teoría pedagógica, las prácticas escolares y la política educativa con el proyecto económico y político que se buscaba implantar, sin embargo, muchas veces los posicionamientos fueron contradictorios, dando un sentido particular a la formación de los maestros rurales y su misión: constituir escuelas que respondieran a las necesidades de la gente y transformar la vida de las comunidades rurales a través de la escuela.

Isidro Castillo, maestro fundador de la Escuela Normal Regional de Tacámbaro, colocó en uno de salones un cartel que decía: "No más pedagogismos, sino más inspiraciones de la vida. Las necesidades del pueblo son los fines de la educación". La frase revela las intenciones de los maestros que fundaron las nueve primeras escuelas normales regionales o escuelas normales rurales que funcionaron en la década de los veinte, siguiendo los pasos de este plantel. (Civera, 2006).

Al finalizar el decenio 1923-1933 las Normales Rurales y las Centrales Agrícolas se fusionan para dar lugar a una nueva institución: las Escuelas Regionales Campesinas. Estas Escuelas mantienen vivo el espíritu de la Revolución en el campo, donde ayudan a la solución de problemas rurales, de la habitación campesina y de dotación de tierras, la introducción de nuevos cultivos y el aprovechamiento racional de los recursos naturales, el combate contra las plagas y enfermedades, y el mejoramiento de la explotación ganadera e industrias derivadas. Todo eso mediante una intensa actividad cultural, cívica y deportiva que al mismo tiempo proporciona recreación sana a la población. En suma, con un gobierno propio, trabajan como ninguna otra institución por la elevación de los niveles de vida material, cultural y política de las comunidades rurales (Solana, et. al. 1982).

En este contexto, el maestro rural debía estar cuidadosamente preparado de acuerdo con los deberes y trabajos que tenía que cumplir. Debía estar preparado, sin duda, para enseñar a leer, escribir y contar, pero con esa sola preparación su obra carecería de trascendencia. Necesitaba estar capacitado para realizar la hermosa tarea de enseñar a las gentes de las áreas rurales a vivir cada vez mejor en las distintas direcciones que establece la misión de la escuela hoy en día. Tal vez por ello, Rafael Ramírez (1885-1959) al replicar y reclamar a las dependencias federales su falta de cooperación con la escuela rural decía: "Todo conspira en contra de la bella obra de integración social que el pobre maestro rural está haciendo, la cual al fin, logra contra viento y marea. Es admirable, es maravillosa esta labor callada y silenciosa. Yo no podría hacerla, no obstante la regular preparación académica y profesional que recibí en una escuela normal que fue, en sus mejores tiempos, de primer orden. Carezco de la preparación adecuada, me falta el adiestramiento necesario para la inteligente comprensión de las situaciones rurales, el espíritu de abnegado servicio y el confiado y sereno valor para desvincularse del grupo social que llamamos culto e ir al campo, como misionero de la cultura, que al fin, eso es el maestro rural. El más humilde maestro rural es superior a mí, sea dicho sin falsa modestia" (Castillo, 2007)

Actualmente existen 16 Escuelas Normales Rurales en nuestro país, ¿Qué proyecto educativo existe para ellas? ¿Cómo se piensa al maestro que se forma en ellas? Parece ser que las normales rurales se han constituido en un obstáculo para el modelo económico y político actual y por ello no tienen lugar en la política educativa actual. Es necesario apuntar entonces que si el gobierno federal mira las condiciones de vida del México rural, encontrará en ello la respuesta que busca: a las Escuelas Normales Rurales, no hay que desaparecerlas, hay que apoyarlas integralmente en todos sus ámbitos y reconocer que los maestros que allí se forman, no son enemigos de México, son revolucionarios sí, pero revolucionarios en la búsqueda de cumplir con su misión: constituir una escuela rural que mejore las condiciones de vida de la población y reivindicar el papel que pueden jugar hoy en día los jóvenes campesinos, indígenas y en condiciones vulnerables en su función de maestros.

torresama@yahoo.com.mx

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