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Sábado , 23.06.2018 / 05:39 Hoy

Apuntes pedagógicos

La formación de profesores normalistas

Alfonso Torres Hernández

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Los acontecimientos recientes en torno a los alumnos de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, constituyen un momento coyuntural (en paralelo a los asuntos de exigencia de justicia) para pensar y repensar sobre el rumbo que debe tomar la educación normal en nuestro país, particularmente en lo que a la formación de profesores se refiere. Es conveniente entonces, apuntar algunas referencias importantes al respecto.

La educación normal en México se encuentra regulada por Estado. De acuerdo con el artículo 3° de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, sus planes y programas serán nacionales. En el trayecto de su historia, iniciada en el siglo XIX, han tenido la encomienda de formar a los maestros. La primera Escuela Normal de este tipo en México fue la Escuela Normal Veracruzana fundada en noviembre de 1886 por el alemán Enrique Laubsher y el suizo Enrique C. Rébsamen. Más adelante, en el siglo XX, aparecen las Escuelas Normales rurales, los Centros Regionales de Educación Normal y las Escuelas Normales Experimentales. La formación de profesores en las escuelas normales (en planes de 3 o 4 años) se mantuvo hasta 1984, donde, por acuerdo secretarial elevaron su nivel de estudios a licenciatura.

La función de formar profesores por parte de las Normales, ha tenido énfasis en proporcionarles los elementos básicos para la enseñanza, sin embargo, según sus críticos, la formación ha adolecido de elementos que permitan pensar y actuar críticamente. La formación en teoría pedagógica parece ser uno de los vacíos presentes en los planes y programas de estudios.

La política educativa, en distintos periodos, ha implementado estrategias para el fortalecimiento de las escuelas normales públicas. Recientemente, con la reforma constitucional en materia educativa, las escuelas normales son foco de interés. En 2014, como parte de esta reforma, se desarrollaron foros de consulta para la revisión del modelo educativo, y como parte de ello, la formación docente que proporcionan las escuelas normales. En el documento base para la educación normal, se pondera como propósito fundamental para la transformación y fortalecimiento de la educación normal, fortalecer la formación profesional centrada en el aprendizaje de los estudiantes, para asegurar la calidad y competencia académica de sus egresados. En síntesis, se plantea la construcción de un Plan integral para el fortalecimiento del sistema de educación normal.

El proceso de consulta, a pesar de contar con la aportación de numerosos maestros, especialistas y autoridades educativas de las entidades federativas e incorpora análisis, opiniones y sugerencias muy valiosas, no fueron representativas, además de que la participación fue limitada y sesgada, pues no se consultó a quienes conocen las necesidades, los problemas y las carencias en educación primaria, que son los jefes de sector, los supervisores, los auxiliares técnico-pedagógicos, los directores y los profesores. Tampoco se consultó a los profesores y estudiantes de las escuelas normales, a los padres de familia de los niños que asisten a la escuela primaria y a la sociedad civil. Más aún, no se considero como punto de partida, una evaluación integral de la formación de profesores y del sistema de educación normal, por lo menos de los últimos cuarenta años. Una evaluación que permitiera diagnosticar y problematizar la formación de profesores para identificar líneas de intervención puntuales en este ámbito. Hoy se dice que para el 2015, se presentará el programa de fortalecimiento, sin embargo, las incertidumbres sobre el rumbo que debe tomar la educación normal son muchas, particularmente por quienes son responsables de desarrollarla.

Es conveniente entonces, tener presente el contexto sociohistórico actual de nuestro país. Latapí (1988) mencionaba que “las condiciones económicas, políticas, sociales y culturales de México han cambiado, y los mismo sucede con la imagen y la práctica profesional del profesor: el modelo apostalario ha cambiado al modelo eficientista, conjuntamente con la función que desempeña, pues ahora ya no se requiere del profesor que solamente enseñe a leer, escribir y contar, sino de uno que pueda contribuir a la formación de sujetos que piensen. Pero los gobiernos no toman en cuenta la educación, pues no es un asunto prioritario para ellos, más bien, como dice Ernesto Meneses, los gobiernos usan a la educación en diversas jugadas políticas, necesarias para sus fines secretos”. La ideas vertidas por Latapí, parecen tener la vigencia necesario hoy en día, lo que uno advierte es que efectivamente, las políticas de gobierno han perjudicado a la educación y a la formación de los profesores al no haber continuidad de un sexenio a otro, haciendo cambios sin que se realizara ninguna evaluación previa.

Estoy de acuerdo en que la formación de profesores debe reorientarse, para ello el programa de fortalecimiento de la educación normal, debe considerar en sus líneas básica, que los profesores se formen desarrollando su pensamiento en niveles superiores. Si los profesores no se forman teóricamente no podrán pensar racionalmente, pues el sujeto piensa con los referentes que tienen en su conciencia; la formación teórica. El desarrollo del pensamiento en niveles superiores, implica la formación para el pensamiento autónomo. Pienso que dicha formación permite la construcción de conceptos por parte del sujeto, como una acción interna y sería una plataforma esencial para una práctica educativa con sentido social, humanista y, sobre todo, crítica, que tanta falta hace a nuestra educación y país en crisis.

torresama@yahoo.com.mx

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