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Lunes , 22.10.2018 / 05:45 Hoy

Apuntes pedagógicos

La exigencia institucional de ser innovadores

Alfonso Torres Hernández

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La supervisión escolar, entendida como un eje privilegiado de la actual política educativa para la concreción de sus objetivos, tiene uno de sus puntos crónicos en el vínculo entre las posibilidades de innovación, que se manifiestan en una gama de estrategias implementadas, y las formas sociales que las estimulan o constriñen, dependiendo del contexto de acción en que se desarrollen. El propósito intencionado de la supervisión escolar es alterar la experiencia de los sujetos subordinados, en el sentido de incrementar sus posibilidades de acción pedagógica, tratando que sean agentes educativos de cambio en la zona escolar. Por otra parte, esta esencia de la supervisión se localiza en torno al poder para nombrar, para representar el sentido común, para poder crear versiones oficiales o para representar un mundo educativo legítimo, que sea capaz de vincular las peculiaridades culturales y sociales de un espacio micro cotidiano con los requerimientos y exigencias de la política macro en el ámbito educativo. .

Desde esta perspectiva la supervisión escolar se percibe como una configuración de retórica y otras actividades desarrolladas por individuos envueltos en un proceso de lucha entre grupos sociales (autoridades educativas, representantes sindicales, directores y docentes) en un terreno de dinámica política, contradictoria, en muchos de sus planteamientos, en los niveles local y nacional. La dinámica institucional de estos niveles se produce en el desarrollo de las prácticas cotidianas representadas por el conflicto y disensos en la interacción de los sujetos. Existe entonces una relación dialéctica entre la dinámica estructural y la acción humana de los sujetos, tanto al nivel de la práctica educativa como de la retórica de la política, que a un tiempo es constituida y constituye las estructuras sociales.

En este contexto, la supervisión escolar aparece como un cúmulo de contradicciones y conflictos, puede ser visto por algunos como una instancia que ofrece posibilidades de cambio o contemplada por otros, como una regresión e incluso una amenaza. La supervisión escolar ha sido y será evaluada de modo diferencial por los diversos grupos que configuran el ámbito educativo institucional y cotidiano. Las relaciones entre el supervisor escolar y los diferentes grupos involucrados en los procesos educativos están caracterizadas por luchas entre subordinados y autoridad; por la búsqueda del poder y control; por la resistencia y el mantenimiento de status, etc. Estas luchas se producen actualmente en un terreno donde al supervisor se le exige innovación y cambio desde la política educativa, pero también desde su contexto cotidiano.

En cierto sentido, estas luchas a que se enfrenta el supervisor le proporcionan un espacio y margen de acción para su reposicionamiento continuo, que generalmente se inclina hacia los dictados de la política oficial, el mantenimiento del orden establecido, y escasamente hacia el enfrentamiento de las incertidumbres, de lo “nuevo”, o bien, del tránsito hacia lo diferente. De este modo es como un supervisor escolar, hace una llamada a los docentes a su cargo, como sujetos con potencialidades pedagógicas para desarrollar formas de trabajo conjunto a través de configurar estrategias diferentes que respondan a la reforma educativa, con el fin de construir un proyecto colectivo que mejore los niveles de aprendizaje. En ello radica la búsqueda de la innovación que se les exige a los supervisores.

La búsqueda de la innovación necesita, en el ámbito de la supervisión, desarrollar medios más eficaces de comunicación para el trabajo que se propone, se hace necesario buscar canales alternativos para el compromiso colectivo con el cambio pedagógico, explotando las posibilidades que le ofrece el contexto contradictorio de la política educativa.

Es así como desde la supervisión escolar, como elemento clave de las políticas educativas, se apoya una conceptualización del cambio que, regularmente, enfrenta resistencias para su implantación. Los docentes la visualizan como la representación de la autoridad que busca el mantenimiento del poder y que recurre a diversas estrategias y recursos para generar una cultura de subordinación hacia los dictados oficialistas. De este modo, se reconoce, que en el ámbito de las zonas escolares, las relaciones sociales y el escenario que se configura en torno al supervisor, son clave para el cambio.

La innovación educativa se enfrenta entonces, en el ámbito de su concreción, con las políticas asociadas a representaciones que dicen que “las cosas deben ser así y no de esta manera”, terreno en el cual, el supervisor escolar es el representante de ellas. En este contexto de lucha y resistencia, los supervisores de primaria general han visto transitar los últimos años de su función. La dinámica de modernización educativa que se impulsa desde 1990, ha tenido en ellos, a su mediador privilegiado para hacer llegar a los docentes cada una de las estrategias pensadas. Cursos de actualización, Consejo Técnico, acompañamiento pedagógico, constituyen algunos espacios que tienen el denominador común de buscar la innovación, una innovación que nadie ha pedido, ni siquiera los supervisores o por lo menos, de esta manera.

torresama@yahoo.com.mx

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