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Viernes , 22.06.2018 / 21:48 Hoy

Apuntes pedagógicos

La evaluación de docentes: tema crítico

Alfonso Torres Hernández

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La reforma constitucional en materia educativa de 2013 planteó como uno de sus ejes sustantivos el tema de la evaluación, particularmente el referido a la evaluación de docentes para los asuntos de ingreso, promoción y permanencia. Desde el Pacto por México se establecieron dos acciones al respecto: una, dotar de autonomía plena al Instituto Nacional de Evaluación Educativa (INEE), consolidando un sistema de evaluación integral, equitativo y comprehensivo, adecuado a las necesidades y contextos regionales del país; y la otra, establecer un sistema de concursos con base en méritos profesionales y laborales para ocupar las plazas de maestros nuevas o las que queden libres. Se construirán reglas para obtener una plaza definitiva, se promoverá que el progreso económico de los maestros sea consecuente con su evaluación y desempeño, y se establecerá el concurso de plazas para directores y supervisores. Ambas acciones, como parte de la reforma, han sido cuestionadas y han transitado en la incertidumbre de su aplicación y alcances en los últimos meses. Con el comunicado de la SEP del 29 de mayo del año en curso, sobre la “suspensión indefinida” de los procesos de evaluación de ingreso, promoción y permanencia, la incertidumbre y especulación aumenta. Las reacciones de asociaciones como Mexicanos Primero, el INEE y otros actores (SNTE, CNTE, diputados, especialistas) no se hicieron esperar. Si bien son posicionamientos diferenciados, parece haber una coincidencia: la inestabilidad de la SEP en el tema de la evaluación docente producto de anteponer el proyecto político gubernamental.

En este sentido, es necesario tener en cuenta que el campo de la evaluación de docentes se caracteriza por su vitalidad y desorden. La tarea es compleja. La omnipresencia que se le ha otorgado y la diversidad de estrategias que implica, hacen difícil su comprensión. Por ello se ha apuntado que una evaluación equivocada puede deteriorar un programa y ocasionar perjuicios irreversibles. Valorar entonces la importancia social y educativa de la evaluación es imprescindible. De manera particular, la evaluación de docentes implica necesariamente tomar en cuenta las condiciones del contexto y las dificultades que ello le implica al ejercicio profesional, pues no pueden considerarse por igual docentes que laboran en condiciones de pobreza, o con alumnos que hablan una lengua distinta a la suya, o cuyos padres son analfabetos o tienen escasa escolaridad, que docentes que trabajan en escuelas de zonas socioeconómicamente privilegiadas.

Pensar en una evaluación de docentes que contribuya al mejoramiento de la calidad educativa, sería pensar en la evaluación como un dispositivo que permite caracterizar el desempeño del maestro, identificar sus principales aciertos y desaciertos, determinar las cualidades profesionales, la preparación y el rendimiento del educador y perfilar sus necesidades de formación y apoyo, lo cual implica una alta complejidad.

Para algunos especialistas (Ávalos, 2009; Calvo, 2009, Danielson, 2011; Perrenoud, 2004, entre muchos otros), responder a la pregunta de ¿Qué evaluar? los lleva a pensar en nutridas y variadas consideraciones acerca de las competencias docentes fundamentales que conviene evaluar. Entre éstas se encuentran las siguientes:

• Los conocimientos acerca de los fines y propósitos de la educación y de sus fundamentos filosóficos.

• Los conocimientos disciplinares, es decir, los que tienen que ver con la o las materias que el docente debe enseñar.

• Los conocimientos pedagógicos generales, que se refieren fundamentalmente al grado en que el docente domina el conocimiento del desarrollo del niño y/o del adolescente; de cómo aprenden los alumnos; de las estrategias para la enseñanza y de gestión y organización en el aula.

• Los conocimientos de las didácticas específicas, especialmente las de los campos disciplinarios que le corresponde enseñar, o lo que Shulman (en Martínez Rizo, 2013) llama “el conocimiento pedagógico de los contenidos”.

• El conocimiento de sus alumnos y del contexto en el que trabaja.

Los autores, sin embargo, también coinciden en que la verdadera evaluación del desempeño docente solamente puede conocerse a través de la observación, directa o virtual, de su práctica.

Por último apuntó, que las evaluaciones de desempeño docente cumplen uno de dos propósitos, o ambos, y las formas en las que se diseñan los procesos de evaluación pueden variar según el propósito que se persiga: evaluar a los docentes con diversos fines (de obtención de un título profesional, de ingreso a la docencia, de permanencia o promoción en el cargo), u orientar su desarrollo profesional. Las primeras son evaluaciones también conocidas como de alto impacto. Las segundas son de bajo impacto. En las evaluaciones de alto impacto, los estándares docentes son utilizados para regular de forma estricta la carrera docente. Las evaluaciones de bajo impacto, por el contrario, sirven para diagnosticar el desempeño de los docentes en el aula y establecer trayectos de formación continua y acompañamiento, con el fin de mejorar o fortalecer una práctica docente (Barrera y Myers, 2011). La definición de políticas educativas que logren la articulación y armonía entre estos propósitos de la evaluación es todavía un asunto pendiente.

torresama@yahoo.com.mx

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