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Domingo , 17.06.2018 / 18:42 Hoy

Apuntes pedagógicos

La evaluación cuestionada

Alfonso Torres Hernández

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La reforma constitucional en materia educativa introdujo cambios radicales en los criterios y mecanismos a los que ha estado sujeta la carrera profesional del personal docente, directivo y de asesoría técnica. Todo ello, desde el 2012, cuando se presentó la iniciativa de Ley correspondiente y su posterior aprobación en 2103, ha generado que entre los docentes exista incertidumbre acerca de su futuro laboral. Esta condición incierta, además ha provocado molestia, encono, confrontación, rechazo, resistencia, crítica, y un sinfín de sentimientos respecto a una reforma, que se advierte en su esencia como carente de elementos educativos y pedagógicos, pero si plagada de estrategias y políticas administrativas y laborales hacia el magisterio.

La evaluación de desempeño docente, ha significado la el punto de encono más alto de la citada reforma. Lo sucedido en días recientes (14, 15, 21 y 22 de noviembre de 2015) en varias entidades de la república y en muchas de las sedes de aplicación, expresa el sentir de los maestros hacia un proceso de evaluación con el cual no se identifica, simple y sencillamente porque representa la antesala de la merma de su condición laboral, primero, y el despido, en segundo lugar. Los pronunciamientos recientes, en términos de confrontación, por parte del titular de la Secretaría de Educación Pública (SEP) hacia los maestros que no se evalúen, distan mucho de una política educativa que busca la calidad.

La evaluación de desempeño ha reunido los elementos suficientes para ser suspendida: escasa claridad en los criterios de selección del personal docente a evaluar; notificaciones tardías ó ausencia de ellas; escasos espacios de preparación para la evaluación; incertidumbre de los criterios a evaluar; condiciones poco propicias para la aplicación; tiempo de aplicación (8 horas) antipedagógico; aplicación bajo clima de presión policial o militar; etc. etc.

Particularmente, esto último, la aplicación de la evaluación bajo un clima de presión policial o militar, es un asunto que avergüenza a México. ¿Cuál es el sentido de evaluar a sus maestros en ese clima de adversidad? ¿Qué política educativa, que busque la mejora de la calidad de su enseñanza y aprendizaje se articula con estrategias policiales hacia los maestros? ¿Por qué dar a los docentes un trato de delincuentes educativos? La profesión más noble del mundo, que es enseñar, se ve profundamente lastimada con estas acciones. La resistencia y enojo (con justa razón) aumenta.

Ante esta situación, el Ejecutivo Federal, las autoridades educativas; el Congreso de la Unión (que aprobó de manera rápida y sin discusión la Ley del Servicio Profesional Docente), así como los Congresos Estatales, deben tener la sensibilidad de advertir que dichas estrategias no son las adecuadas para la mejora educativa. El clima de animadversión que han provocado con sus decisiones y acciones ha conducido a que se sienten las bases para un fracaso educativo más. Basta mirar la historia y analizarla, para comprender que la condición educativa de México, se debe en mucho a la toma de decisiones sin diagnóstico, sin consulta y sin la participación y consenso de los maestros. ¿Por qué no dialogar con los docentes? ¿Por qué la cerrazón a analizar lo más preciado de nuestra sociedad que es la educación de niños y jóvenes? ¿Por qué no dar la voz a los maestros? Necesitan ser escuchados en sus preocupaciones, en sus propuestas, en sus alternativas pedagógicas, en percepción de sociedad.

En todo es panorama, es triste, y de vergüenza extrema, el papel jugado por el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), lejos de constituirse en defensor de los derechos laborales, se constituyo en aliado y cómplice de estas políticas.

¿Quién dará la cara ante un fracaso educativo más? Los maestros aquí seguiremos, en el aula, en la escuela, en el trabajo cotidiano. Los políticos, las autoridades, los representantes sindicales, van de paso. Vendrán otros y querrán hacer lo mismo: mejorar la calidad educativa. ¿Sin los maestros o con ellos? Seguramente, sin ellos, porque la necedad, ignorancia y olvido, es lo que caracteriza la política educativa en México.

Es urgente entonces, revisar los procedimientos de evaluación de desempeño. Si reconocemos a la evaluación como un elemento sustancia de esta política de reforma educativa, empecemos por darle su lugar como un dispositivo de mejora y no de sanción.

torresama@yahoo.com.mx

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