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Apuntes pedagógicos

Año nuevo: esperanza educativa

Alfonso Torres Hernández

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El año que ha comenzado trae consigo esperanza y enormes deseos de que la situación educativa por la que atraviesa nuestro país encuentre mejores caminos para transitar. El malestar que dejo la anterior administración federal en materia educativa no es fácil de reparar. La figura del docente se vio demasiado maltratada, tanto en imagen como en su condición institucional y laboral. A lo anterior le agregamos que hubo un descuido en otros temas primordiales como la formación docente, el aprendizaje y enseñanza, el currículum, la infraestructura o el modelo de gestión.

La iniciativa del ejecutivo federal en materia educativa que ha presentado al poder legislativo en diciembre de 2018, debemos asumirla como un primer paso para recomponer algunas cuestiones que se focalizaron como críticas, pero se debe tener cuidado en no fracturar otras que son sensibles, y además necesarias para que el proyecto transformador se cristalice, como es el caso de la autonomía a las universidades y el financiamiento a la educación superior.

En el campo educativo ningún proyecto se debe dar por acabado, los esfuerzos institucionales deben ser permanentes y siempre buscar transitar hacia niveles superiores. Cada una de las políticas, estrategias y líneas de acción que se proyecten deben ser pensadas para atender con puntualidad las problemáticas que se avizoren. El financiamiento educativo que se destine para ello es primordial, pero lo es más que su programación y uso sea el adecuado. Es tiempo que la Secretaría de Educación Pública (SEP) transparente el destino de los recursos en materia de gasto e inversión. La educación pública se fortalece con acciones de transparencia y buen uso de los recursos. La corrupción en este ramo debe ser erradicada.

El proyecto educativo transformador tiene que revalorar de manera real la función del maestro. Basta de experimentar en los procesos formativos y de reclutamiento docente. Fortalecer las escuelas Normales y las Unidades de la Universidad Pedagógica Nacional es una política necesaria, y no solo en materia de financiamiento sino en su condición institucional y en el lugar que ocupen en el proyecto de nación. Además de ello, la función del maestro se debe acompañar de dispositivos de actualización y de mejora integral en las escuelas.

Por supuesto que un proyecto educativo que aspire a transformar la sociedad no se logra sin la participación de uno de sus actores principales en la comunidad escolar: los maestros. La obligación que tenemos los maestros es tener claridad de la responsabilidad de enseñar y cómo contribuimos a la educación integral de los alumnos, que finalmente se constituye en la responsabilidad de formar ciudadanía desde el jardín de niños hasta la educación superior. Cultivar y formar nuestro pensamiento con un sentido progresista y crítico, es parte nuestra obligación. Solo así, es como podemos pensar que la esperanza educativa transformadora no solo está en manos del gobierno sino en las nuestras.

¡¡Feliz año nuevo de esperanza educativa!!.

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