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Sábado , 26.05.2018 / 22:54 Hoy

Apuntes pedagógicos

2017-09-06

Alfonso Torres Hernández

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En el marco de la reforma educativa actual, los procesos educativos han vivido modificaciones significativas en su desarrollo. La evaluación docente, el nuevo modelo educativo y el impulso a un modelo de gestión orientado a la mejora y la autonomía artificial, han sido entre otros, dispositivos prioritarios de estas políticas. Implícito en todo ello, en lo que se refiere al campo de la supervisión escolar, es que la propuesta de reforma, en lo general, ha implicado el tránsito hacia una nueva cultura escolar, y entre ello, la exigencia de nuevas prácticas.

La concepción de un nuevo perfil de supervisor ha estado presente desde la década de los noventa. Abandonar la vieja imagen que refiere a un supervisor que fiscaliza y vigila celosamente la labor de los docentes, constituyó el reto en el modelo de gestión que se ponderaba. La formación académica, el carácter propositivo y el desempeño del papel de asesor pedagógico, ha sido la constante que caracteriza un nuevo rol en la supervisión escolar.

Frente a estos desafíos de innovación y cambio, el aura de poder del supervisor se ve trastocada. La jerarquía parece desaparecer, para llevarlo al establecimiento de relaciones más horizontales con sus subordinados. La posición de autoridad se desvanece para dar paso a la visión de "compañero". Y, el carácter administrativo de la supervisión parece observarse en mayor equilibrio con lo pedagógico.

Efectivamente, la innovación de las prácticas les exige una posición distinta en la comunidad educativa, condición que no sólo tiene que ver con la perspectiva de cambio, sino con la tradición histórica que representan: la autoridad y el poder. La construcción de una imagen diferente, tiene que ver con la relación directa que establecen con los otros.

Al interior de una organización, como lo es la supervisión escolar, ver al otro como un compañero, más si este es el supervisor, parece situar a los sujetos en una nueva relación que implica la pérdida de la autoridad para dar paso a la generación de una cultura organizacional donde la horizontalidad de las relaciones es un elemento constitutivo. Nisbet (1996) apunta que así como la caída del antiguo orden hizo que los hombres adquirieran conciencia de la perdida de la comunidad tradicional, también les dio conciencia de la perdida de la autoridad tradicional: de las coacciones, disciplinas normativas y lazos patriarcales que habían formado parte durante tanto tiempo de la cultura, que apenas se los había reconocido hasta que el estallido de dos revoluciones los llevó a primer plano con la amenaza de extirparlos. Y del mismo modo que el desgaste de la comunidad habitual llevó a las premoniciones de desorganización, y por la otra, nuevos tipos de poder, más inclusivos y penetrantes que ninguno de los que la historia había conocido

En este sentido, los patrones burocráticos que han dominado el funcionamiento de la supervisión escolar, han llegado a ser tan difíciles de manejar que no logran dominar la complejidad creciente de la actividad colectiva que se impulsa en las escuelas, y es en este contexto donde los supervisores perciben la relación horizontal como vía para trascender en los procesos. Además, la obediencia que antes constituía la virtud cardinal que hacía funcionar la supervisión ya no es aceptada de buen grado por los directores y docentes, quienes ahora exigen mayor libertad y autonomía en sus acciones, más en defensa del discurso modernizador que de conciencia histórica.

Como parte de este contexto, la supervisión escolar, cuyo motor era y sigue siendo la racionalización instrumental en la mayoría de sus procesos, se dirige gradualmente a un nuevo ciclo de alta tecnología y servicios cuyo motor es la innovación cada vez mayor. Pero la innovación es ajena al paradigma burocrático. Si lo que busca la supervisión es la incursión hacia un modelo innovador, es necesario que modifique las relaciones humanas en un sentido no burocrático, pues la innovación nunca ha podido ser dirigida por órdenes.

Para lograrla en el marco de las exigencias actuales, se requerirán no solamente ideas brillantes y nuevos conceptos sino también toda un esquema de relaciones nuevas entre el SNTE y la autoridad oficial, y entre estas instituciones y los docentes; relaciones no verticales, a través de las cuales los involucrados puedan comunicarse con rapidez y franqueza, sobre la base de la reciprocidad. La situación de fragmentación y subordinación que implica el modelo burocrático paraliza las comunicaciones y por ende, restringe la innovación. Es más, para ser innovadores y eficientes, la supervisión escolar tiene que depender de una comprensión cabal de los sujetos que son sus subordinados, que implica saber escuchar, lo cual a su vez es impedido por el sistema de mando de la burocracia.

torresama@yahoo.com.mx

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