• Regístrate
Estás leyendo: Las redes del odio
Comparte esta noticia
Domingo , 23.09.2018 / 04:29 Hoy

Digital Capital

Las redes del odio

Álex Ángeles

Publicidad
Publicidad

Los recientes hechos en Niza nos muestran lo peor y mejor de nosotros en las redes sociales. Además, prueban que las formas en que consumimos noticias ya superaron a los medios tradicionales. Y aunque recibir la información sin filtros puede ser (y seguro es) peligroso y muy tendencioso, sirve para formar criterios y confirmar un viejo estado de cosas: el morbo nos domina.

Es así que los videos transmitidos el día en que los franceses celebraron una de sus efemérides más importantes, la Toma de la Bastilla, por plataformas de streaming en vivo como Facebook Live, Periscope, Meerkat, o simplemente subidas a YouTube, recibieron millones de vistas que ni los canales de mayor audiencia global pudieron tener.

Con todo, hay a pesar de ello un debate sobre lo ético de transmitir contenidos considerados como violentos, tanto por académicos y expertos como por el gran censor que conforma el gran público. Lo mismo va por mirar, compartir y comentar estos asuntos.

Pero de no ser así, no nos hubiéramos enterado de cómo fue la agresión en la que el ciudadano negro Philando Castile murió a manos de la policía de St. Anthony, Minnesota. Su novia Diamond Reynolds transmitió por Facebook Live lo que sucedió y millones pudimos ver un hecho más de violencia racial. Paradójicamente, como el debate se acomoda al gusto de las mayorías, se ha soslayado un punto clave: Castile (el nombre en inglés de Castilla), fue abatido por otro miembro de una minoría, un policía de origen hispano: Jerónimo Yáñez.

Pero eso a los que atizan el odio no les importa y lo ven, no sólo en Estados Unidos sino en todo el mundo, como una muestra del encono del poder de las corporaciones blancas contra los negros. Ver esto como una minoría contra otra minoría no es tan rentable mediáticamente.

Si bien el fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, lamentó el incidente, elogió el alcance y poder de su herramienta. Claro, antes de que el mundo se enterara de que el video desapareció de la cuenta de Diamond. Después supimos que los propios compañeros del agente Yáñez le confiscó el teléfono y borró sus posts de Facebook.

Eso sí, las escenas ya habían sido compartidas por cientos de miles en un loop inacabable e inabarcable.

Los críticos afirman que estos episodios atizan la violencia. Pero más bien lo que les disgusta es el formato. Y en las propias redes esto se confirma. Aunque no en vivo, la distribución de noticias por medios tradicionales también puede detonar opiniones extremas, como demuestra un despacho que la televisora rusa RT que correctamente transmitió sobre una marcha de la CNTE protestando por los encontronazos en Oaxaca con la policía que dejaron como saldo ocho muertos.

A juzgar por los comentarios en su página de Facebook, donde dicho video fue visto por casi medio millón de usuarios únicos, la inmensa mayoría de su audiencia global, cree que en México gobierna un estado que efectivamente está asesinando a sus ciudadanos. Y aunque el horno no está para bollos y el estado de derecho es paupérrimo y a veces inexistente, eso dista de la verdad, o al menos no es sistemático.

Pero de ahí a hacer caso a los que dicen que estos videos generan más violencia es tan exagerado como creer que los videojuegos hacen lo mismo. La tecnología no es mala. Lo malo es el uso tendencioso y el debate maniqueo.

Acostumbrados en México a las taradeces de los Chumeles y los Wherevertumorros (y sus equivalentes en otros pagos) es triste ver que lo que rifa es la vacuidad.

¿Qué queremos en Facebook y demás redes? ¿Más videos de la Chewbacca Mom? ¿O de policías matando ciudadanos negros en EU? ¿O de pandillas mandando amenazas entre sí en México? Mejor no esperemos la respuesta.

@alex_angeles
digitalcapital@gmail.com

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.