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Viernes , 20.07.2018 / 08:33 Hoy

Digital Capital

El ¿sabroso? futuro de la comida

Álex Ángeles

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¿Leche de cucaracha? ¿Hamburguesas de lodo? ¿Carne producida en un laboratorio? Las innovaciones en el terreno alimentario y la necesidad futura de que la producción de alimentos tenga que ser menos dañina al medio ambiente, así como más intensiva y a menor costo, podría añadir este tipo de delicias en nuestros menús.

Si consideramos que según las proyecciones de organismos como el Worldwilde Forum, que asevera que para inicios de agosto la humanidad consumió los recursos que idealmente se deberían consumir de forma sustentable, es necesario hacer caso a otra forma de aprovechar los recursos disponibles y explotar nuevas ideas.

Como en todo cambio, primero hay que vencer ciertas resistencias, sobre todo porque de pronto se ponen de moda fenómenos como el slow food, o el food porn, que priman el origen de los ingredientes sobre la sustentabilidad.

Baste pensar que hace unas décadas, algunos alimentos que son muy normales ahora no se podían ni concebir. Huevo en polvo, comidas completas de microondas o carne líquida simplemente hubieran disgustado a cualquier estómago venturoso.

Hay dos predicciones que se antojan las más probables en unos 10 a 15 años: los sistemas para imprimir alimentos en 3D y la carne producida en laboratorio.

En cuanto a la primera, desde hace 5 o 6 años los empleados de Google ya podían avisar por correo electrónico a los chefs de sus cafeterías si querían almorzar pasta proveniente de impresoras 3D. Inclusive, si se les apetecía podían incluir una lista de qué ingredientes típicos de una pasta llevar y cuáles no: poca harina de arroz, nada de gluten, enriquecida con proteína, etc.

Y unos años después, resulta que una de las aplicaciones con mayor potencial para detonar la impresión 3D es precisamente la comida. Y es en la Universidad de Columbia, Nueva York, donde más se avanza en el concepto de una impresora 3D para alimentos domésticos.

Ahí, un equipo multidisciplinario que incluye estudiantes de diseño industrial, ingeniería, química de alimentos y otros trabajan en un dispositivo que a partir de ingredientes congelados imprime en capas platillos en diversas formas que posteriormente podrá cocinar. Esperan tener su producto listo para 2020.

Por ahora, en el mercado existen soluciones para imprimir comestibles (de acuerdo a DigitalTrends.com) como el 3D Systems ChefJet, que cristaliza capas de azúcar en cualquier configuración geométrica. El Choc Edge permite que a partir de chocolate fundido se obtengan tabletas en cualquier diseño. Y el Foodini utiliza ingredientes de pequeñas cápsulas para dar forma a diversos platillos.

En cuanto a la carne de laboratorio, se trata de una innovación en la producción de cárnicos que para muchos traerá una revolución en esta industria, tan criticada por el uso desmedido de recursos naturales, la crueldad a los animales, la contaminación por metano y por la probada adición de sustancias dañinas tanto para ganado como para consumidores.

Ya desde 2013 se pueden comer hamburguesas de carne de laboratorio (procesada en la Universidad de Maastricht, Holanda). Se sabe que tanto críticos de comida como medios especializados le dieron buena nota al platillo.

En esa ocasión, los científicos tomaron células de una res y la desarrollaron en varias capas de músculo. Los críticos dijeron que sabía a carne, no tan jugosa quizá, pero para nada desagradable.

Eso no significa que ya mañana el mercado estará inundado de carne de laboratorio. El precio de producción es todavía prohibitivo: el costo de las primeras hamburguesas servidas así fue de 350 mil dólares la pieza.

Ya hay empresas, como Memphis Meats, que quieren abatir esos costos y desarrollar carne de forma intensiva en plantas especializadas. El proceso lo definen así: "En lugar de criar animales por qué no crear la carne?". Para ello, en sus laboratorios obtienen células de carne de ganado seleccionado y lo cultivan en laboratorios para producir carne sana y de una forma más segura y convencional.

La firma se presentó en febrero de este año y entre sus inversionistas se cuenta a Sergey Brin, cofundador de Google, con cuyo dinero se realizará la primera hamburguesa de Memphis Meat. Solo será cuestión de tiempo.

@alex_angeles
digitalcapital@gmail.com

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