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Sábado , 21.07.2018 / 05:14 Hoy

En Corto

Tragedia inesperada

Alejandro Maldonado

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Luis Alberto Noyola Cruz desarrollaba sus actividades cotidianas en la agencia automotriz en la que labora desde hace dos años. El joven, preparador de autos en Nissan, notó que los fuertes vientos mecían una inmensa estructura unipolar con publicidad, así que tomó su teléfono y comenzó a grabar. A los pocos segundos el espectacular se vino abajo y cayó sobre dos autos que circulaban en la lateral de la avenida Pino Suárez, muy cerca de Galerías Metepec. Una mujer resultó herida de gravedad.

Los inusuales y fuertes vientos, registrados el miércoles en el Valle de Toluca dejaron daños e incertidumbre. Nadie esperaba una jornada climática como esa. El temor tocó a la puerta de muchos pobladores.

Así ocurre de pronto en la vida que se nos viene encima con situaciones dolorosas e inesperadas: La detección de una enfermedad incurable, la pérdida de un ser querido, la pérdida del empleo, problemas serios de pareja o con los hijos, etcétera. Por si fuera poco, los problemas parecieran darse en racimo y acumulan un peso que aplasta inexorablemente nuestra energía, emociones, ánimo y esperanza. Nos sentimos asfixiados y sin deseos de continuar.

¿Qué hacer cuando todo parece perdido? ¿A quién acudir cuando sentimos que no hay quién nos comprenda? ¿A quién buscar cuando hemos perdido toda confianza? ¿Qué hacer en medio de nuestra tragedia?

Dios en su palabra nos dice continuamente que nos ama; que él sigue en control de su universo a pesar de todo lo que ocurra, por absurdo que parezca. Que él tiene interés de establecer una relación personal con cada uno de nosotros a través de Cristo; que conoce a profundidad nuestro corazón y sus cargas; que sabe de nuestros temores, frustraciones, fracasos y vacíos.

Él sabe nuestra condición y se compadece de nosotros. Por eso el Dios infinito adoptó un cuerpo finito; se despojó de su gloria y se identificó con nosotros llevando nuestras enfermedades y dolores. Pero no solo eso: En la cruz del calvario llevó nuestros pecados y sufrió nuestro castigo. Fue entregado por nuestras transgresiones y resucitado para nuestra justificación. Jesús vive. Podemos acudir confiadamente a él; pedirle que nos perdone y que entre a nuestro corazón recibiéndole como señor y salvador. Jesús te ama. Cree en él; ven a él, y lo verás.

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