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Viernes , 22.06.2018 / 21:47 Hoy

En Corto

Solo apariencias

Alejandro Maldonado

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Norma Jean Baker Mortenson llevaba entre seis y ocho horas de haber fallecido. Una sobredosis del medicamento Pentobarbital, -utilizado en aquellas épocas como sedante y para combatir el insomnio-, le habría costado la vida, según determinó luego el forense Thomas Noguchi.

La madrugada de aquel 5 de agosto de 1962 Allan Abbott se trasladó a la casa donde yacía el cuerpo de aquella mujer de 36 años de edad, en Los Ángeles California, a fin de recogerlo y trasladarlo a la morgue. Según narra en un libro que acaba de escribir, quedó completamente sorprendido al ver el cadáver de quien en vida llevó el nombre artístico de "Marylin Monroe".

Abbot narró: "No nos creímos que fuese su cuerpo. Parecía una mujer normal muy envejecida. Su cabello no había sido teñido desde hacía tiempo, no se había afeitado las piernas al menos en una semana, sus labios estaban muy agrietados y necesitaba una manicura y una pedicura... además de que no traía sus prótesis mamarias para incrementar el tamaño de su busto; no tenía su dentadura postiza y su cuello estaba amoratado e hinchado". En la funeraria tardaron horas en reconstruirla, a fin de hacerla parecer al "símbolo sexual" que se le consideraba.

Todos conocemos acerca de esto: Aparentar ser felices, cuando nuestro corazón está hecho pedazos; aparentar plenitud, cuando en el interior sentimos el más terrible vacío; aparentar ser exitosos, cuando somos un fracaso; reír afuera para llorar por dentro.

Dios, que nos conoce a la perfección, lo describe así en su palabra, la Biblia: "Tú dices que eres rico, que tienes cosas en abundancia y que no necesitas nada, pero no te das cuenta de que en realidad eres un desdichado, miserable, pobre, ciego y desnudo". Espiritualmente esa es la terrible condición de todos nosotros, independientemente de nivel económico, educativo, cultural, político, religioso o social. Todos hemos pecado. Todos hemos fallado al blanco de las normas divinas. Todos estamos destituidos de una relación con Dios y nada de lo que ofrece este mundo puede darle significado a la vida, ni traer paz verdadera al alma.

"Ven a mí, tú que estás trabajado y cargado y te daré descanso", nos asegura Jesús. ¿Por qué no acudir a él y hacerle el señor de nuestra vida? Jesús es el verdadero salvador que necesitamos.

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