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Miércoles , 12.12.2018 / 20:36 Hoy

En Corto

Navidad

Alejandro Maldonado

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Son variados y relevantes los acontecimientos que ocurren tanto a nivel local como nacional por estos días, y muchas las plumas capaces que reflexionan en torno a los mismos. Por eso, y aprovechando que se aproxima la Navidad, he querido escribir un poco en torno a la figura que da origen a la celebración: Jesucristo. 

Más allá de que haya nacido a finales de diciembre, o entre los meses de abril y mayo, lo importante es que con su arribo a este mundo se dividió la historia de Occidente en dos, “antes de Jesucristo”, y “después de Jesucristo”. 

Y es que Jesús vivió de tal manera, predicó tales enseñanzas, e hizo tales milagros que lo hacen único entre todos los seres humanos.

Los historiadores cuentan que estando Napoleón Bonaparte exiliado en la isla de Santa Elena, dijo al General Bertrand: “Yo conozco a los hombres y digo que Jesús no es solo un hombre. Yo veo en Licurgo, Zoroastro, Numa, Confucio y Mahoma a buenos legisladores, pero no veo en ellos la divinidad. No sucede lo mismo con Jesús de Nazaret. Entre Él y cualquier otro personaje de la historia del mundo no hay un solo término posible de comparación. Ciertamente Alejandro, César, Carlomagno y yo hemos fundado imperios pero… ¿sobre qué descansa las creaciones de nuestro genio?… sobre la fuerza; sin embargo Jesucristo fundó el suyo sobre el Amor”. 

Sin duda así es. La Biblia nos dice que “Dios es amor”, y que de tal manera nos ama, que ha dado a su hijo unigénito Jesucristo, para que TODO aquél que en él cree, no se pierda más y tenga vida eterna. Nuestro verdadero y más grande problema como humanidad es el pecado, y en consecuencia nuestra más grande necesidad, es la de un Salvador. 

Por eso los pastores recibieron el anuncio de un ángel que les dijo: “No teman, porque les doy nuevas de gran gozo que será para todo el pueblo: Que hoy ha nacido en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor”. Así que no temas; a pesar de que Dios conoce todo de ti, Él te ama. 

Jesús pagó ya el precio de nuestra paz en la cruz del Calvario llevando sobre sí mismo tus pecados y los míos. Decide creer en él; invítalo a morar en tu corazón, y él te dará el mejor regalo que jamás puedas recibir: perdón, salvación y vida eterna. Dios quiere que en ti haya un “antes” y un “después” de Cristo. Él lo hará.

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