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En Corto

Candidato o “mesías”

Alejandro Maldonado

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No importa si es de derecha, centro o izquierda. 

Ante las condiciones que atraviesa la humanidad, lo que muchas veces se busca al elegir a cualquier candidato, en cualquier nivel, es una especie de “redentor”. 

Ante la descomposición política y social, que se refleja en una creciente inseguridad pública; en una persistente corrupción; en una percepción colectiva de prevaleciente impunidad e injusticia; el corazón del hombre tiende a buscar instintivamente a alguien “providencial” que todo lo resuelva. 

Lamentablemente esto, lejos de ser factible, puede derivar en un mayor deterioro colectivo, y la historia ha dado en reiteradas ocasiones cuenta de ello. 

Poner una carga de este tamaño sobre una persona, y que ésta la acepte, no es otra cosa que adoración destructiva; tanto para el que la ofrece, como para quien la recibe. 

De un lado pueden estar quienes por medio de sus alocuciones procuran generar temor, advirtiendo de los fatales peligros que sobrevendrán si no se vota por ellos y se cambia en forma intestina de rumbo; del otro lado quienes señalan que el momento ha llegado, para que la gente sea librada de la explotación de la que es y ha sido objeto. 

Hay que recordar como en sus Diálogos, Platón hace decir a Sócrates: 

“…de los protectores de los pueblos nacen los tiranos, y no de otra parte”, y para que la frase quede actualizada al actual contexto mundial se podría añadir: 

“Del color que sean”.

Yo estoy convencido de que nuestro verdadero y más serio problema es el pecado; y la única solución para el mismo es Jesucristo. 

Y esto no tiene que ver con algo político, sino espiritual; y por cierto, tampoco es colectivo, sino personal. 

Al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios. 

“Mejor es confiar en Jehová que confiar en el hombre. Mejor es confiar en Jehová que el confiar en príncipes”. 

Gocemos de la bendición de poder participar con libertad en la elección de nuestras autoridades en los distintos niveles de gobierno; y al mismo tiempo reflexionemos sobre el riesgo de deificar a cualquier mortal, que al igual que cada uno de nosotros, necesita de un Salvador. 

Dios no es ajeno a nuestra condición individual, y él quiere darnos su paz, y traer a nuestro corazón propósito y esperanza. 

Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo.

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