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Viernes , 22.06.2018 / 15:19 Hoy

En Corto

¿A quién iremos?

Alejandro Maldonado

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¿Quién no lo recuerda? Veloz como nadie en su época. Un humano totalmente acuático. Un fuera de serie sobre el que se hicieron investigaciones científicas y diversos reportajes.

Y no era para menos. A los 17 años de edad, el australiano Ian Thorpe ganó tres medallas de oro en los juegos olímpicos de Sidney 2000; y luego obtuvo dos más en Atenas 2004. Y por si algo le faltara, también logró 11 títulos mundiales de natación.

Actualmente Ian Thorpe de 31 años de edad, está internado debido a problemas de depresión y de alcohol, con los que arrastra desde hace mucho tiempo.

De hecho en su biografía publicada en 2012, el afamado atleta reconoció que debido a la depresión que padecía pensó en suicidarse. También reconoció: "He usado el alcohol como una forma de librar mi cabeza de pensamientos horribles". Una nota informativa de hace un par de días, resume así el estado actual de Ian Thorpe: "Permanece bajo el cuidado de especialistas, en su larga y solitaria batalla por asentar su vida".

Ian reconoció que al fracasar en su intento de volver a competir en los juegos Olímpicos de Londres, su vida se vino abajo, y que la ausencia del deporte le llevó a esta crisis.

Alguien dijo que cualquier cosa que ocupe el primer lugar de nuestro corazón en vez de Dios, es un ídolo que tarde o temprano se desmoronará, y nosotros juntos con él.

Trabajo, deporte, dinero, poder, salud, relaciones, conocimiento, habilidades, religión, o cualquier otra cosa en que esté depositada mi seguridad; lo que sea, tarde o temprano se vendrá abajo.

La Biblia afirma que fuimos creados por medio de Cristo y para Cristo, por lo que solo él puede llenar el vacío de nuestro corazón. Todo lo demás nos puede distraer y ocupar incluso por toda una vida; pero al final solo habrá pérdida.

Dios no miente y todos necesitamos de Cristo. Como dijo el apóstol Pedro en medio de una severa crisis: "Señor Jesús, ¿a quién iremos? Solo tú tienes palabras de vida eterna".

En medio de nuestras angustias, no solo requerimos ayuda especializada, sino divina.

"Señor Jesús: No quiero enfrentar una larga y solitaria batalla. Toma el control de mi vida; de mi corazón y de mi mente. Te necesito. En tu misericordia y gracia toma este ser necio y egoísta, y transforma mi vida para la gloria de tu nombre.

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