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Pa'no molestar

¿Y si recordamos eso que se llama “disposición”?

Alejandro Evaristo

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Una de sus novelas favoritas es Trópico de Capricornio, de Henry Miller. Antes, cuando tenía su biblioteca en una habitación ubicada al lado de la sala, el libro ocupaba un lugar especial entre todos los demás, junto con Ojos de perro azul de Gabriel García Márquez, Operación Jesucristo… y al tercer día de Og Mandino, los Diarios íntimos de Anaïs Nin y cinco avejentados tomos de La Gran enciclopedia de los niños, sin olvidar por supuesto El Conde de Montecristo de Alejandro Dumas. Esos, de entre las decenas distribuidos en el mueble, las sillas, un sillón, el piso y gran parte de su escritorio, eran sus lecturas favoritas y se había perdido entre sus líneas, personajes y descripciones en varias ocasiones.

La estantería malhecha con trozos de madera sobrantes de aquí y allá dio de sí lo suficiente como para hacer algo parecido a un librero, aunque de ninguna manera le otorgaban algo como un reconocimiento, ni siquiera como remedo de carpintero, pero se sentía orgulloso de haber podido “organizar” sus textos, sus archivos y algunos álbumes fotográficos.

Una vez que has entregado el alma, lo demás sigue con absoluta certeza, aun en pleno caos… afirman el maestro Miller y su alter ego al inicio de la novela y es probable, solo probable, que tengan razón. Al menos eso pensaba entonces.

Como sea, sus mañanas de fiesta y sus noches de insomnio eran bien recibidas ahí.

Leía por horas, escribía por horas. Se regodeaba en una obra interminable y hacía de sus protagonistas fugaces y hambrientos personajes sin sentido, así como los de ahora, los que salen en las noticias…

***

Preparar una buena comida es todo un arte. A veces es necesario desentenderse de otras cosas para asegurar que los alimentos por ingerir tendrán los ingredientes indicados y en la medida adecuada. Lavar, desinfectar, preparar cada uno de los aditamentos que habrán de usarse es el primer paso del ritual. Luego hay que tener los productos a preparar, los sazonadores, las especias y el agua y también el fuego. Bueno, esto último es relativo, porque ahora hay estufas electrónicas y parrillas eléctricas. Lo cierto es que el ingrediente más importante de toda esta labor se llama “disposición”. La misma característica que estamos obligados a imprimir en nuestras actividades cotidianas.

- Pues quizá tengas razón, pero ¿a poco pones el mismo empeño cuando preparas comida solo para ti?

Por supuesto. De hecho lo hago con mayor razón. Me gusta guisar para otras personas, sin duda, pero disfruto más cuando lo hago para mí porque sé exactamente qué debo poner o quitar o servir. Por ejemplo: a algunos les encanta un buen jarro de café con canela bien caliente y con su pan de dulce; yo prefiero poner en un vaso grande una generosa cantidad de una mezcla licuada consistente en hielo triturado, café instantáneo y dos cucharadas de azúcar y saborearla leyendo algo interesante o escuchando algo de música o volcando ideas al papel.

- Já. Pero resulta que todo lo que lees es interesante…

Pues si no qué chiste. Leí cosas que no me gustaron mientras estaba en la escuela porque me obligaban como Gramsci, Marx, Hegel y demás, pero ahora la cosa cambió. Hoy tengo la oportunidad de alimentar mi alma exclusivamente con los materiales que elijo. Me he llevado buenos fiascos, pero en general han sido experiencias enriquecedoras y satisfactorias.

- Eres puro choro…

Pues sí eso crees, es tu problema. Aquí en el último número de “Hola” recomiendan oídos sordos a palabras necias y en la revista de espectáculos que está ahí, en el mueble de la pantalla y el playstation, a un lado de los discos de la arrolladora y la señorona Rivera, hay un reportaje en el que dicen que nuestro presidente ha leído varias cosas que cambiaron su vida. No veo por qué a mí no…

***

Llega cansado luego de una “agotadora” jornada. Mami ya le espera con la mesa puesta. Le preparó los hot cakes con nutella que tanto disfruta y su arroz con leche.

Ni la saluda. Su cara bonita está hecha un asco y en su mirada hay coraje, rencor, insatisfacción. Se sienta y hace un lado el plato y los cubiertos. Ella está diciendo algo pero no entiende qué. La bebida está fría y su progenitora triste. No sabe si decirle. Cómo le va a seguir auspiciando sus novelas vespertinas si a la larga tendrá que cancelar el servicio de cable; de dónde sacará para completar lo de la boda y qué hará mañana.

No hay un sitio real a dónde ir. Afortunadamente es viernes y es la noche de la despedida, así que encontrará a sus amigos en el mismo tugurio de siempre, con la diferencia ahora él traspasará los límites de lo permitido y se dará el lujo de olvidar su día con algunas cervezas, no importa que estén tibias. Así que no se disculpa y no agradece. La ve a los ojos y le pide que no le espere despierta, seguramente llegará durante la madrugada.

Deja su mochila abandonada en el sillón junto con sus otrora implementos de trabajo. Sale a la calle con las manos ocultas en los bolsillos del pantalón y la vergüenza bajo resguardo tras el odio y la impotencia. Fue el único que no cumplió con la cuota establecida. Él no pudo, no quiso, no lo intentó. Se conformó con hacer una llamada y recibir el rechazo de la auxiliar de la secretaria y no se arriesgó a atravesar la ciudad para hallar al sujeto y hacer un planteamiento, así que prefirió quedarse en la oficina a ver un capítulo de la serie de moda, cotorrear con l@s compañer@s y buscar algo en internet para vender a sus jefes.

Mala ocurrencia. Se puso peor cuando se dio cuenta que la chica del otro escritorio hizo lo que debía aun cuando no tenía con quién dejar a su beba de casi 11 meses, así que anduvo con la pequeña todo el tiempo.

No tenía pretextos. Dicen que es más fácil culpar a otros que responsabilizarse de las acciones y decisiones propias. Eso hizo. Llegó sonriente a la fiesta. Su prometida sabía que algo no andaba bien y lo confirmó después de una breve charla de tres minutos en la que sobraron calificativos para ese despreciable sujeto que no supo entender sus mediocres argumentos.

Pobrecito, merecía un mejor trato y hasta un jugoso aumento de sueldo por seguir haciendo lo mismo cada día…

***

Deseaba algo de la tierra que no fuera producto del hombre, algo absolutamente separado de lo humano, de lo cual estaba harto… es la mejor descripción que alguien haya hecho jamás sobre mi persona. Miller ES un genio.

Ayer destapé una botella de vino tinto. Estaba totalmente solo. El reproductor automático inició con Verano del ‘42 mientras permanecía absorto con la mirada en el documento en blanco. La película es de la novela de Herman Raucher, del mismo nombre por cierto, y la música es del no menos grandioso Michel Jean Legrand. Tres amigos descubriendo el amor y el sexo en alguna isla de Estados Unidos, de eso trata.

¿Y si ya no puedo?, ¿y si todas las palabras huyeron hacia otro alguien como yo?, ¿y si de repente la facilidad murió ahogada en la carencia?

Recuerdo la escena. Los tres están viendo a la distancia a la chica que sufre la desaparición del amado en la guerra y la ven llorar y sueñan con sus lágrimas y la piel de todo su cuerpo ensanchándose a placer en sus nocturnos juegos onanistas. Uno de ellos ha caído conquistado por toda esa característica indiferencia y no espera que algo suceda. Camina por la playa, por la carretera, por las calles de la ciudad hasta el supermercado en que ella ha llegado al límite de sus fuerzas. Le extiende la mano y la vida. Es un niño jugando a ser hombre y ella es muy bella. Le agrada el joven y su casi infantil inocencia de 15 años ...no puedo. No tengo palabras. No tengo otra oportunidad.

La música cambia en el reproductor y es turno ahora de The way. La música de Zack Hemsey es sugerente, promueve la acción y obliga. Me gustaría saber qué habría hecho este músico con un …deja de pensar tonterías y escribe ya algo… guión como el de esa grandiosa cinta, ¿qué habría hecho con Hermie, Oscy y Benjie?, ¿cómo habría descrito sus pensamientos y reflexiones y acciones?, ¿cómo habría ambientado la escena cuando ella aparece en la arena llorando …descríbela tú, la estás oyendo ahora, no, mejor no; no eres tan bueno, es más, ni siquiera podrías… y el chaval no puede hacer nada porque tiene miedo?

Es un término muy fuerte, creo. El miedo es el principal obstáculo dicen los especialistas en rollos de autoayuda y eso …repite el tema, repite el tema… no soy muy asiduo a ese tipo de cosas pero alguna razón deben tener para tantos hablar de ello.

Alcanzo el reproductor y nuevamente escucho. Es tanto el gusto y placer que esa cinta provoca que casi puedo sentir la brisa y hasta la nostalgia y ensueño de él por ella. Un adolescente enamorado de una mujer no es una nueva historia…

¿Recuerdas imbécil?, o qué ¿ya olvidaste la cinta roja al fondo de la caja?... Hermie es un buen muchacho y lo demuestra cuando le ayuda con las bolsas del supermercado, cuando seca sus lágrimas ...cuando besa su historia y recibe su cuerpo… era un joven con ímpetu por hacer algo.

alejandro.evaristo@milenio.com

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