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Viernes , 22.06.2018 / 06:57 Hoy

Pa'no molestar

¿De verdad? Qué pinche miedo…

Alejandro Evaristo

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Anoche tuve una pesadilla de esas, de las que no se olvidan porque no se recuerdan y por ello, quizá, sean de las más terroríficas.

Cuando desperté, mi mano derecha asía con fuerza el extremo de una de las viejas almohadas y la izquierda hurgaba con desesperación sobre mi pecho, incontrolable, como si algo hubiese escapado o intentado entrar y el inconsciente de lo que soy intentara evitarlo o permitirlo.

Cuando tuve consciencia por fin, me percaté del ir y venir de un brazo sobre el cuerpo y el dolor agudo en la mano del otro. Ambos eran síntomas inequívocos de que mi realidad, esta maldita realidad, se había apropiado otra vez del espacio y mi tiempo. ¡Carajo! Había tanto por qué seguir ausente: necesitaba saber quiénes eran esas sombras, cómo veían los responsables de esas voces y qué pretendían todas esas imágenes diluidas en breves descargas de olvido.

Como ya dije, no recordaba. Así que a ciencia cierta no podría hallar explicación tampoco para el resto del adormilamiento, o su principio.

El punto es: sobre la colchoneta, junto a mí, había un colibrí de colores aleteando con singular disposición y sonreía, no me pregunten cómo lo sé, pero sabía que sonreía y de manera burlona; en cada aleteo había jornadas y jornadas de carcajadas asquerosas e hirientes.

Más allá, junto al sillón que también sirve como tendedero, desayunador y ropero, había una enorme y asquerosa bola de grasa con un puro sin encender y tres pedazos de algo sosteniendo sus costados para no desparramarse por toda la habitación. Arriba, en el marco de la ventana y su vidrio roto, un pedazo de pan y un vaso con chocolate disfrutaban uno del otro: juntos, húmedos, necesarios, inseparables.

- ¿Neto viste todo eso?

Y falta lo peor. Había un enorme y mullido corredor con mucha gente y una gran pared de luz. De todas las personas que estaban ahí destacaban dos personajes, uno era una enorme bestia sin cuello, bípeda y cubierta con un pelambre como de tres colores y la otra era una especie de enano feo, pero feo como pegarle a Dios, y con una enorme joroba cubierta de plata y esmeraldas falsas que sonreía mostrando la asquerosidad de su hocicote.

- ¿De verdad? Qué pinche miedo…

***

Pues resulta que en mi día de descanso me pongo a leer noticias y me encontré una joya. Doña Carolina Monroy, secretaria general del partidazo, el que es bien revolucionario y bien institucional, aprovechó su primer informe para tratar de amedrentar a tooooooooooooooooodos los críticos del actuar presidencial:

"Tenemos como opción dejarnos llevar por esa animosidad desbordada, que enciende a rencores que mal informa con mezquindad y pequeñez política, podremos también ser comparsa de quienes pretenden detener el país, poniendo por delante la popularidad en la estridencia y el sueño elector del poder y los votos, desprovistos de congruencia pero existe otro camino defender nuestro proyecto de nación".

¿Quihubo? Pero ahí no quedó la cosa, la señora Monroy afirmó que el Ejecutivo federal cuenta con un ejército de aliados leales, difusores de sus propuestas y "logros", y hasta dijo que juntos (ella y los otros como ella) asumirán también los costos.

"Usted (Peña Nieto) no está solo… desde aquí, desde su tierra le decimos al señor presidente de México, Enrique Peña Nieto, que estamos convencidos, seguros del camino que ha trazado para México. Y así como él fue capaz de diseñar la más grande y profunda reforma de la historia, así, de ese mismo tamaño es nuestro compromiso con él y con México". Por ello, advirtió que "a partir de hoy, no permitiremos un solo agravio más al presidente de la República, cada ofensa recibida tendrá respuesta",

¿A poco no se siente la pasión, el compromiso, la enjundia, las ganas pues de gobernar lo que queda del Estado de México?

***

Hablando del PRI y de ese enternecedor informe, anoche tuve la oportunidad de ver otra vez "El planeta de los simios" en la que junto con Mark Wahlberg actúa la hermosísima Helena BonhamCarter en el papel de Ari, en la versión del año 2001.

Se trata de una historia ficticia en la que una bola de alevosos monos peludos se apropian del territorio y tratan a los humanos como una subespecie cuyo único papel y obligación es servirles. Los cazan en el campo, en la jungla y en los bosques, los encierran y transportan a sus tribus donde son marcados, bañados y vendidos al mejor postor (simios también) para hacerla de criados, niñeras, animales de carga, transporte y demás.

Ari es una simio que se siente hermosa, aunque la verdad es que el único mono que quiere tronarle sus huesitos es uno de grado militar, bien machín y bien gandalla. A diferencia de los otros de su especie, Ari intenta mostrar un cierto aprecio por las razas inferiores (los asquerosos y apestosos humanos) y hasta sugiere la posibilidad de que tienen alma (¡válgame Dios!). Ella es un dolor de cabeza para algunos, pero como es hija de su padre (un notable senador), y heredera de diversas glorias familiares, pos es algo así como nuestro viento a nuestro Juárez: no le hacen nada y siguen siendo nuestros. Así que los otros que quieren su puesto o al menos el puesto que desdeña en lo público y acepta en lo oscurito o a media luz, se van a tener que quedar con las ganas.

En esa película, la muchacha no se queda con el muchacho, los malos ganan y prometen una segunda parte que nunca llega porque nadie confía en un animal de ese tamaño y con esa clase de amistades.

Todos sabemos que hay primos, sobrinos y buenos amigos de tendenciosas y oscuras intenciones, pero su papel en la trama dista mucho de ubicarse entre los protagonistas.

Lo bueno es que se trata de simple ciencia ficción porque la sonrisita de la mona esa es más falsa que una promesa aeroportuaria o un sistema de transporte colectivo suficiente ¿o no?

***

Viajar en ese hermoso camioncito es una experiencia religiosa. Entre los apretujones, las dudas por saber si hará base en el destino que a uno importa y el afán buenaondita de quienes se alquilan para dar instrucciones y ayudar a los pobres desventurados que no sabemos interpretar las correcciones, ajustes o modificaciones que se hacen a las rutas y sus horarios, uno la pasa bien y sin querer se allega de noticias importantes, de esas que realmente interesan y pueden cambiar el rumbo de toda una comunidad.

1. Yo le dije que no, que le hiciera como quisiera y que si no le gustaba pos hasta ahí y a la chingada. Total, si ya pude dos que no pueda tres y ni que estuviera tan bueno el wey, aunque la verdad si voy a extrañar su juguetito…

2. ¿Cuál tienes? Ese, creo que es evolución del de dos cabezas que parece como una cigüeña pero con la cabeza redonda. Al que no puedo pescar es al pinche pikachu, ya me salió tres veces y gasté no sé cuántas pinches pokebolas y no más no lo agarro al wey. Lo bueno es que frente a la casa hay una pokeparada y puedo estar todo el tiempo esperándolo...

me lo voy a chingar, vas a ver…

3. …yo le dije que no, ¿cómo lo voy a dejar ir a quién sabe dónde con ese chamaquito? No comadrita, que Dios me perdone, pero no. Imagínese, bonita voy a estar como tonta hasta quién sabe qué hora que el patrón regrese a la casa. Si quiere irse con sus amigos, primero que termine la escuela y se ponga a trabajar para pagarse sus cosas, yo a penas puedo darle de comer para que me salga con esto. No va, no va y no va…

4. ¿Y qué les decimos? Nos van a correr Paty, la verdad yo no creo que entiendan, ya ves cómo son aquí. Pinche pueblote.

Mejor así hay que dejarlo y que sea lo que Dios quiera, además tu estas feliz conmigo, ¿no? Vamos a preguntar que necesitamos y ya. Además ya me diste el sí y si aquí no nos quieren casar porque somos viejas las dos, pues nos vamos al distrito y chingue su madre…

5. No eran solo ronchas, estaban así como rojas, rojas, rojas y bien grandes.

Lo peor es que me salieron en el cuello y arriba de los pechos, ni como taparlos con este pinche calor. Pero él me dijo que estaba bien y que no tenía nada, pero al otro día se tuvo que ir al General porque le picaba ahí abajo y le dijeron que tenía gonorrea y ya me chingó el hijo de su rech…

***

Al pie de la cama estaba un como rinoceronte sin cuerno. Atrás de la cabeza tenía un como grano así todo feo y le palpitaba, parecía que iba a reventar en cualquier momento y el muy méndigo a fuerza quería darme beso en la mejilla.

Llevaba unas botas de esas que usan las mujeres, de las que cubren la pantorrilla y llegan casi hasta la rodilla. Nunca había visto un animal tan así de apestoso y hediondo. Lo raro es esa parte de la indefinición y esa absurda necedad de querer ser algo que no'mas nones. Igual en su bestiario es una especie hermosa, pero en el nuestro, ¿cómo te lo digo sin que te ofendas?, ah, ya sé, es como el alacrán del cuento y la rana del estanque.

Eso es un terrible error y, como sea, tu no dejas de ser un animal…


alejandro.evaristo@milenio.com

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