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Viernes , 14.12.2018 / 16:26 Hoy

Pa'no molestar

¿Cuántos vestidos tienes, María?

Alejandro Evaristo

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Es imposible contar esta historia si antes no menciono que cualquier semejanza con la realidad, hablando de lugares y personajes, es mera coincidencia, o quizá no.

Podría describir a alguno, o no. Podría hacer referencia a ti o quizá solo se trata de un producto de mi imaginación malsana creado a partir de un conocimiento determinado.

Las actitudes de alguien, las necesidades de alguien o las características de un particular alguien podrían estar o no involucradas.

Quién sabe. Igual y solo es una divertida coincidencia.

El punto es que María camina con todo su garbo y un control absoluto sobre los tacones. Se dirige a la barra. Una vez ahí sonríe y guiña al cantinero para llamar su atención. Es toda una mujer: madura, autosuficiente y coqueta, aunque nunca ha podido arrancar al menos una mirada al tremendo hombre que le atiende siempre cada fin de semana desde hace meses. Bueno, casi. Habría que obviar los 20 días que tuvo que irse a una de las plazas para supervisar algunas obras y remodelaciones.

Él ya sabe. La mujer del vestido rojo que acaba de sentarse le mirará, le sonreirá y pedirá un Cosmopolitan. Es su bebida favorita. A veces se ha sentido tentado a evitar todo el rutinario y solo servirle, pero ni le interesan ni desea generar malas interpretaciones, así que pregunta. Escucha la respuesta apenas viendo sus ojos y listo.

Voltea, toma la coctelera y coloca tres hielos, vodka, un poco de licor de naranja (seco o no), un poco de jugo de arándanos y el jugo de media lima. Cierra la coctelera, agita con fuerza y luego vierte el contenido filtrado en una copa de martini que decora con una cascarita de naranja (twist, para quienes disfrutan de los anglicismos). Lo acerca a sus manos y se aleja con rapidez para atender a otro cliente y, cuando no lo hay finge limpiar, finge llamar por teléfono, finge, finge, finge. Ella le observa sobre la copa cuando se aleja y siempre lo descubre, después de todo, hace lo mismo…

***

Toño trabaja demasiado. Un día está aquí, al siguiente al otro lado de la ciudad y pasado mañana podría estar cerca de alguna de las fronteras del país. Es reconocido por su compromiso laboral y también por su perfeccionismo incansable. A veces se olvida incluso de su vida personal, la cual es considerada por la mayoría como la más valiosa posesión que un hombre puede llegar a tener, y la cambia por un jugoso y nada despreciable contrato con sus muy bien definidas y marcadas prestaciones.

Por eso se mata y se entrega totalmente en cada proyecto y encomienda. Supervisa personalmente los avances, busca los mejores materiales sin importar los costos y subcontrata a los mejores prestamistas, capataces y profesionales del área particular que requiera atención.

En realidad es un personajazo. Tiene una increíble facilidad para hacer migas con las personas y también para alejarlas: el problema es que resulta ser un sujeto bastante comunicativo. No sabe callar lo que ve, escucha, lee, lo cual le ha generado también problema en sus relaciones interpersonales. Sus parejas siempre terminan por abandonarle, según ha comentado a cuantos desean escucharle. Por eso está solo.

Es un lobo solitario, dice, y eso es una gran mentira.

Me explico: los lobos son mamíferos carnívoros con una estructura muy particular como especie, aunque características similares: pueden variar en cuanto a peso y tamaño; miden hasta 85 centímetros de altura; pesar entre 35 y hasta 54 kilos, aunque han encontrado ejemplares de 80 kilogramos; colmillos de hasta seis centímetros; tienen la capacidad de caminar enormes distancias, trotar hasta 10 kilómetros por hora y alcanzar 65 kilómetros por hora cuando es tiempo de cazar: tienen un pelaje compuesto por dos capas con diferentes coloraciones de acuerdo con su territorio o zona y por eso se frota contra rocas, árboles y ramas, para perder un poco; se alimenta de otros depredadores de igual o mayor tamaño y eso incluye hasta ballenas varadas; tiene camadas de entre cuatro y seis lobeznos luego de periodos de entre 60 y 63 días de gestación; nacen ciegos y sordos; a los dos meses y semanas de nacidos se alejan de sus familias para empezar a explorar y buscar alimento por sí mismos, y siempre hay una hembra alfa al pendiente de ellos.

Por si ello fuera poco, se trata de animales en extremo territoriales; cuentan con un macho y una hembra que son líderes de manada, que está compuesta hasta por 20 individuos y no son muy abiertos a nuevas anexiones. Además, se comunican mediante aullidos; marcan su territorio mediante el olor de sus patas y orines y, lo extraordinario, reside en el hecho de que mientras la manada avanza, son los miembros enfermos o de mayor edad los que encabezan el grupo, mientras que los más sanos cuidan la retaguardia.

En fin. No es un lobo solitario porque solo comparte dos características con esa majestuosa especie y eso por dichos de sus propios patrones: aúlla lo que sabe y también le apestan las patas…

***

María está indecisa. Ella cree que el violeta es una tonalidad que le sienta mejor, sobre todo bajo la llamada luz fría, aquella que se emplea para distinguir contrastes, mejorar la visibilidad para la realización de tareas específicas e incentivar la concentración, su uso es recomendable para áreas de trabajo; de hecho, su uso es recomendable para hacer actividades de precisión, ya que reducen contrastes, mejora la visibilidad y disminuye la posibilidad de accidentes.

Se decide primero por el vestido de ese color, el mismo que otros identificamos como púrpura o “como el del traje del jocker”, el archienemigo y némesis del mismísimo hombre murciélago, mejor conocido como Batman. Por si cualquier cosa también dejó sobre la cama el negro aun oculto tras la cobertura protectora del plástico transparente y barato de la tintorería enclavada en el barrio chino. “Ahí llévalo, no cobran caro y son bien cuidadosos con cualquier tipo de prenda”, le había dicho alguna vez su ex, un wey al que le decían “el cocoliso”, aunque nadie nunca supo por qué.

Se probó ambas prendas en múltiples ocasiones. Pensó en que tendría aún que regresar al trabajo al menos por dos horas, así que no podría ir entaconada y partiendo plaza con el andar un tanto exagerado para llamar la atención y el maquillaje un poco más marcado con el mismo fin.

No estaba dispuesta a enfrentar los comentarios de los obreros y mucho menos a andar dando explicaciones entorno a sus planes inmediatos, primero, o su vida privada, después. Nadie necesita ni tiene por qué saber qué hará con quién en dónde.

“Con el negro es más fácil compaginar sombras y el violeta requiere un poco más de trabajo por las mismas razones”, pensaba mientras se veía al espejo calzando diferentes modelos de zapatillas en cada pie para elegir el más apropiado, lo cual resultaría ser un verdadero reto dado que ni siquiera había podido decidirse entre dos colores para la prenda que habría de cubrir el cuerpo y las ansias de toda su morena, requemada, piel.

“El azul marino, mejor me llevo el azul marino”.

Regresó al armario y sacó los tres modelos de esa tonalidad: uno dejaba al descubierto los hombros, otro no tenía mangas pero sí un bellísimo cuello de tortuga que terminaba a media espalda con una serie de tiras entrecruzadas, y otro más de manga corta con una apertura más o menos discreta a la altura del sitio en que habrían de estar los pechos. Esa es la parte que más odiaba de sí. ¡Sus mil veces malditos e inexistentes pechos!

Cada vez que se ve envuelta en tal situación recuerda su cuenta bancaria alterna, aquella que algún día tendrá la suficiente cantidad de dinero para permitirle viajar a Los Ángeles, California, allá en Estados Unidos, donde están los cinco mejores cirujanos plásticos de todo el planeta y quienes podrán resolver su carencia y necesidad. “Falta poco”, se repite una y otra vez mientras se enjuga las lágrimas que resbalan por sus mejillas morenas.

Se metió en el overol de mezclilla y ocultó bien su breve cabellera bajo el casco protector. Colocó en una bolsa protectora el vestido cuello de tortuga, cubierto por un saco blanco que hacía un hermoso contraste. En un maletín aparte metió sus zapatillas negras, las de tacón de 10 centímetros, la bolsa de maquillaje y algunos preservativos, por si algo solamente…

***

Tiene dos personalidades. Si eso es no posible corresponde a los especialistas confirmarlo o desmentirlo. Quienes le conocemos tenemos nuestro propio criterio a propósito de sus formas y actitudes, así que no hay mucho por corroborar, a menos –claro está- que quienes se han dedicado a estudiar y descubrir los increíbles entresijos de la mente descalifiquen la aseveración… o no.

El punto es que Antonio se convierte en María y María detesta ser Antonio porque no es lo que siente y porque le molestan las barbas y el jabón y la actitud que debe asumir cada día frente a sus jefes en la empresa que le contrató como arquitecto.

De lunes a jueves no puede cambiar su realidad porque es la que ha decidido vivir, al menos profesionalmente. Esa, la del gafete con el nombre Antonio y apellidos Canales P.

Hoy es viernes. La semana pasada optó por piezas oscuras pero esta noche es diferente y planea tener suerte. Ya sea con el pinche cantinero o al menos con el gato del patrón.

Ya se colgó del vestido rojo, el mismo que supuestamente contrasta con sus ojos y sus intenciones…

alejandro.evaristo@milenio.com

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