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Martes , 23.10.2018 / 20:08 Hoy

Pa'no molestar

Cuánto detesto a mis pinches vecinos…

Alejandro Evaristo

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La gente es rara. La muchedumbre, la concurrencia de todas esas personas en torno a algo, sea lo que fuese, me resulta siempre enigmático y, hasta cierto punto, aterrador.

Ahí tiene usted a los fieles seguidores de algún equipo, a los paleros de cualquiera de esos personajes que buscan un hueso, a los admiradores y seguidores de algún grupo musical e incluso a las buenas conciencias que exigen atención, justicia, compromiso o al menos respuesta de quienes se ostentan como autoridades.

En grupo, todos lo sabemos, la actitud cambia.

Gritan, envuelven, arrebatan, se envalentonan, retan, ofenden, destrozan, roban, saquean…no todos y no siempre, pero la turba es tan morfológicamente inestable como el carácter de la bella dama que acompaña al licenciado al centro de la pista para recibir un buen baile y termina sorprendida y desilusionada al percatarse de que la abertura de su falda, las medias negras de encaje y el indescriptible escote son insuficientes para despertar el deseo de su acompañante que en realidad es una mujer atrapada en el cuerpo de un varón que se niega a aceptarlo.

El asunto es que la gente es rara y si ya de por sí el conjunto inquieta, ahora imagine usted cuando todas esas personas están en un sitio en torno a algo, lo que sea, pero con una consigna y sobre-estimulados por el triunfo, la ofensa, el reto, la derrota, la incapacidad, la carencia, la demanda, el descontento, la injusticia… el hambre.

Pueden o no tener razón y quizá hasta se pueda justificar de alguna manera el actuar de todos ellos que son y constituyen un solo ente al que podemos llamar de diversas formas de acuerdo con el fin de su movilización, objetivos y señalamientos.

Por ejemplo, ahí está el magisterio. Desde la perspectiva de aquellos que son señalados se trata de rijosos sujetos desobligados inconscientes, la contraparte se dice víctima y los demás, como dicen los que saben de eso que llaman fiesta brava, vemos los toros desde la barrera…

***

Esta es una de esas noches arrebatadas en que la mente gira alrededor de las imágenes percibidas. Ya estaba cansada de ver las mismas quejas y demandas en el territorio que habita su ocupante, por ello le convenció para leer sobre otras ruinas y pueblos y sociedades.

No hay medio de explicar la extraña fascinación que siente por Europa del este y los Estados que ahí se encuentran: Hungría, Serbia, ucrania, Moldavia, Rumanía, entre otros, le parecen territorios enigmáticos y sabe que mañana o pasado tendrá oportunidad de recorrer callejones y plazuelas de al menos uno de ellos.

El punto es que abrió la suscripción de National Geographic para encontrarse con tremendo reportaje sobre la vida de las personas sin hogar en Bucarest, la ciudad capital de Rumanía y también la más poblada del país. La lectura y visualización de las imágenes era, por decir lo menos, obligada.

One Girl’s Tunnel Life: Under the Streets of Bucarest (La vida de una chica en el túnel: bajo las calles de Bucarest) es una descripción gráfica y textual de la vida de Catalina, una chica de 17 años adicta a las drogas y habitante de un submundo imperceptible para la gente de la superficie. La responsable del reportaje es la editora de fotografía Coburn Dukehart, quien platicó con el autor de las imágenes, Massimo Branca, cuyo trabajo convenció a la menor y al “líder” de todos los que sobreviven en ese submundo para poder plasmar su día a día a través de su lente.

Catalina murió un mes antes de cumplir 18 años. De acuerdo con el reporte oficial fue por un problema cardiovascular, la realidad para algunos es que fue presa del SIDA. Branca, antropólogo y fotógrafo, pudo convivir con ella, plasmar su sonrisa, su desesperanza y sus enormes ojos negros. También fotografió el cuerpo sin vida vestido de blanco y el dolor de su pareja enferma…

***

El callejón esta oscuro. A las 4:30 de la madrugada solo es recorrido por las soledades de una brisa congelante y apenas alguna remembranza de las horas que no terminan de acabar.

A la izquierda, en la casa de los dos pisos y la recién estrenada escalera metálica, seguramente duerme a pierna suelta la joven de 25 o 26 años propietaria de un sedán gris de esos de marca cara para gente barata. Debe estar soñando que camina por la playa de la mano de su amor y sonriendo a las nubes y viendo a la distancia a su madre, una mujer trigueña de sonrisa encantadora y excelentes cuerdas vocales. A esta hora no le importa nada y ha olvidado incluso el pleito con su esposo, la visita de los primos de Monterrey y el pequeño desaguisado con el vecino por haber estacionado el vehículo justo en la entrada del garaje ajeno.

En el inmueble de la derecha no hay luz. La mujer amargada y su prole también deben estar perdidos en los brazos de alguna deidad que no les conozca. De sus cinco autos solo hay uno estacionado en la entrada de otro de los vecinos quien, por supuesto, tiene un severo conflicto con esa cuadrilla de sinvergüenzas. Y cómo no: llega uno de los vástagos a bordo de una camioneta vieja de alguna oficina de gobierno y la aparca donde se le ocurre; a mediodía hacen lo propio las dos hijas menores con sus respectivas familias y el sujeto que hace las veces de marido se aparece poco antes del anochecer. Cada uno en su propio vehículo se ha ganado el desprecio generalizado de los vivientes alrededor.

Enfrente están los desconocidos. Un grupo de quién sabe cuántos que habitan un inmueble hermoso y usan autos recientes de marcas alemanas. No hay mucho por decir de ellos, casi no coincidimos y las pocas veces en que nos hemos encontrado nos limitamos a un “buenos loquesea” y cada quien sigue en lo suyo para evitar el contacto con otras personas como ellos y como yo…

***

Nataly usa una blusa negra de manga larga que contrasta con el color de la piel en sus hombros descubiertos. Se encuentra de pie sobre una superficie que no se adivina y mira retadora hacia la cámara. El rostro no puede ocultarse bajo la cabellera y deja ver decenas de efélides que sobresalen en su frente y sobre sus mejillas; seguramente habrá pecas también en el pecho y la espalda, pero como era imposible verlas, solo podía especular al respecto; luego encontré algunas otras gráficas que lo confirmaron.

Es muy delgada, así lo denotan las facciones del rostro y la figura que apenas puede percibirse en la fotografía. No me había percatado y aunque la verdad es que me parece una mujer interesante, no me resulta atractiva en absoluto. Quizá por eso me sorprendió la increíble cantidad de comentarios dirigidos al artista y a la mujer. Luego caí en la cuenta: cuando uno ve sus fotografías, es imposible pasar por alto los hermosos ojos azules de esta joven, sus labios encarnados y su cabello largo y rojo.

Ella fue captada por la lente de Daniil Kontorovich de Saint-Petersburg, Rusia, cuyo trabajo puede ser apreciado, junto con el de otros, en el sitio 500px.com/photo.

El artista hizo una serie de gráficas sobre Nataly, cuya edad es imposible de reconocer.

En todas sobresale el color en su boca, en su cabeza y en su mirada…

***

Los manifestantes son apenas centenares y marchan abanderados por patrullas y policías estatales y locales. Gritan consignas, interpretan las tradicionales frases antisistema e invitan a la gente a unirse a su movimiento. Avanzan despacio convencidos sobre su actuar y son observados a veces por una masa ajena de personas que creen que a ellos no les afectan las pésimas decisiones de los mismos que hoy evitan a toda costa hablar sobre riquezas inexplicables y propiedades aquí y allá.

Las movilizaciones ocasionadas por el triunfo del equipo local de soccer aumenta los ingresos de las tiendas de vinos y licores, la venta de recuerdos sobre ese día especial y el buen ánimo de la gran mayoría. Ellos avanzan sobre vehículos descubiertos y son vitoreados como verdaderos héroes. Firman balones, camisas, playeras, banderas, postales, fotografías acompañados de hermosas edecanes que están atentas y dispuestas a ayudarles.

Nunca voy a acabar de entender qué oscura fuerza es capaz de obnubilar la mente y lógica de la masa. Cómo es que el triunfo de un equipo de soccer en uno de los no sé cuántos torneos que hay al año provoque tal movilización de gente mientras las malas artes de un grupo de personajes que se la pasan tropezando a cada paso con nuestro dinero y nuestro territorio es incapaz de hacer que alguien levante un dedo. No entiendo. De verdad no lo entiendo.

***

Ayer salí por la mañana de casa y la amargada tenía problemas con su auto, mientras me acercaba para ofrecerle ayuda, los de enfrente salieron de a poco y se fueron en sus autos. La tipa dijo que no necesitaba nada porque sus hijos llegarían en cualquier momento. En la noche, el vehículo seguía exactamente como lo había visto por la mañana y el sedán gris de los vecinos estaba otra vez en mi lugar. Ante la falta de pantalones del jefe de familia y la soberbia de la hija, fue la señora quien salió a ofrecer una disculpa y decir que en minutos moverían el auto. Le agradecí con evidente molestia y esperé a que la inútil esa saliera con su cara de estúpida a quitar el vehículo de la entrada.

De verdad, no tienen idea sobre cuánto detesto a mis pinches vecinos…

@aldoalejandro

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