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Lunes , 20.08.2018 / 16:41 Hoy

Columna de Alejandro Cortés González-Báez

Para no caer en la desgracia

Alejandro Cortés González-Báez

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Reconozco que no soy un conocedor de temas políticos. No es mi oficio, ni debe serlo. Pero lo que aquí comento es una simple reflexión sobre asuntos que resultan evidentes, incluso para gente poco versada en estos temas.

No me parece válido reclamar a los votantes del país del norte que hayan elegido a un señor que planteó un programa donde México puede salir perjudicado. Es curioso que algunos se quejen de las consecuencias negativas que pudiera tener la votación presidencial en Estados Unidos, pues cuando nosotros elegimos a nuestros gobernantes no nos importa, por ejemplo, si con ello se beneficia o perjudica a los países de Centroamérica.

Tal parece que hay quienes necesitan caer en la desgracia para reconocer sus errores y luchar para corregirlos… y hay otros que ni con eso cambian. En estos tiempos se nos abre una gran área de oportunidad para crecer en muchos aspectos.

En México tenemos todo para ser autosuficientes. De mucho tiempo a acá exportamos materias primas, productos manufacturados en maquiladoras, cerebros notables que aportan sus conocimientos y su ingenio, y gente muy trabajadora y disciplinada.

Necesitamos más cultura —y dicho sea de paso— nos topamos con unas cadenas televisoras que han contaminado con mucha programación basura a un pueblo que vive intoxicado. Los políticos no son los únicos culpables de nuestros problemas.

Aquí cabe una pregunta comprometedora: ¿Los niños que ahora están siendo educados por sus padres, estarán en condiciones de llegar a ser los políticos honrados y comprometidos con el bien común, como todos exigimos a los que actualmente están participando en las esferas de gobierno? Estoy convencido de que esas actitudes han de fomentarse desde el hogar, y no dentro de los partidos políticos.

Todos sabemos que en algunas empresas se da el fenómeno de la corrupción, por ejemplo, en los departamentos de compras, donde quienes seleccionan a los proveedores les exigen beneficios personales. Es decir, la falta de honestidad no sólo está en los ámbitos políticos.

Nos falta mucha cultura de trabajo en equipo, y de lo que se trata es de jalar parejo, y no cada quien para su lado. Tenemos ejemplos a seguir, como el de Japón y Alemania al terminar la Segunda Guerra Mundial. En Japón se pueden ver los montes convertidos en campos de cultivo gracias al trabajo humano que los convierte en terrazas donde cultivan muchos productos.

La cultura del bien hacer se debe labrar junto a la de la solidaridad. Es fundamental una actitud de colaboración y no la de la zancadilla para hacer tropezar a quienes gobiernan.

Quizás convenga empezar por enseñarles a los niños a no decir: “Cómprame”, sino “cómpranos”, es decir, que piensen en sus hermanos desde pequeños.

www.padrealejandro.com

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