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Lunes , 18.06.2018 / 11:19 Hoy

Columna de Alejandro Cortés González-Báez

Las metas en la educación

Alejandro Cortés González-Báez

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Platicando con un amigo sobre la educación de sus hijos le hice una pregunta muy puntual: ¿Cuál es la meta o producto terminado que han de pretender los padres de familia en la educación de los hijos? Su respuesta fue: Hacer gente de bien. Yo lo dije que eso es demasiado amplio y ambiguo. Entonces me dijo que puedan hacer una carrera universitaria. Sin embargo, intervine de nuevo, le pregunté si no conocía casos de matrimonios donde la mujer le reclama al marido diciendo cosas como: ¿Y crees que por ser egresado de esa universidad de tanto prestigio yo tengo que aguantarte todas tus estupideces? Mi amigo me dijo que era correcto. Que sí conocía casos donde se dan ese tipo de tensiones.

Seguía yo cuestionando: ¿Serán las escuelas donde se pueda formar adecuadamente a los alumnos para hacer de ellos los mejores seres humanos posibles? Es evidente que los colegios tienen demasiadas limitaciones; que son incapaces para lograr una meta tan alta, pues su objetivo es ayudar a los padres impartiendo conocimientos y habilidades siempre limitados, pero sin poder llegar más allá, y no pueden tener, claro que es lo que cada individuo pueda lograr en su desarrollo a lo largo de su vida.

Según mi punto de vista, el objetivo a conseguir como “producto terminado” es inculcar y fortalecer las virtudes que los capaciten para poder ser buenos esposos y buenos padres de familia, buenas esposas y buenas madres de familia.

Tales virtudes –engarzadas con valores objetivos– serán los instrumentos para desenvolverse en todos los ámbitos de la vida, incluso aunque no se casen o no terminen una carrera universitaria y trabajen como técnicos, comerciantes o lo que sea.

Una persona puede tener bien claros en su mente los valores humanos, pero si no está acostumbrada a ponerlos en práctica, ejercitándose en las virtudes, será como un texto de ética o de moral que está impreso, pero que no vive lo que dice.

Una vez más hemos de repetir la famosa idea de que a los hijos hay que formarlos con el ejemplo de sus padres y maestros, más que con sermones y regaños. La Secretaría de Educación Pública no tiene capacidad de sustituir a la familia.

www.padrealejandro.com

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