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Columna de Alejandro Cortés González-Báez

Las causas perdidas

Alejandro Cortés González-Báez

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Copio un texto de Alejandro Llano de su libro: El diablo es conservador.

Anciano y ciego, el escritor argentino Jorge Luis Borges se encontraba ante una audiencia multitudinaria en la universidad limeña de San Marcos. La revolución –provocada esta vez, curiosamente, por militares– parecía estar de nuevo a la orden del día, e impregnaba el ambiente académico de ese tono irreal y crispado que algunos conocemos bien. Los estudiantes insultaban a Borges porque algunas de sus recientes declaraciones chocaban clamorosamente con la ortodoxia revolucionaria que aquellos universitarios se sentían obligados a obedecer.

Tras largos minutos de escándalo, durante los cuales Borges contemplaba el vacío con su mirada ciega, se hizo por fin el silencio. Borges comenzó a hablar de literatura con voz queda y quebrada. La luminosidad y la belleza comparecieron. El auditorio pasó de la rabia a la fascinación.

Terminada la conferencia llegó el turno de preguntas. La primera valió por todas: ¿Cómo es posible que un hombre tan culto e inteligente como usted, señor Borges, se empeñe en oponerse al curso de la historia? La respuesta no tuvo desperdicio: Oiga, joven, ¿no sabe usted que los caballeros solo defendemos las causas perdidas?

Llano comenta enseguida: Las causas perdidas son las únicas que merece la pena defender. No solo porque las otras se defienden solas, sino porque la verdad no siempre aparece –frente a la emancipación ilustrada– como menor de edad, como desvalida, como necesitada de protección ante el implacable curso de los acontecimientos humanos, que cuenta a su favor con la razón más poderosa: los hechos.

Parece que la primera obligación de la gente racional y educada no es otra que atender a los hechos. Benéfica recomendación, mil veces soportada por quienes tienen la ingenuidad de intentar cambiar el mundo (o comprenderlo). Atenerse a los hechos: consejo prudente que atempera los hechos ante situaciones injustas que harán clamar a las piedras. Atenerse a los hechos: agudo alfiler que pincha los globos multicolores de idealismo perpetuamente atrasados o desensillados respecto al terco curso de un devenir histórico que nunca se sabe de dónde viene ni hacia dónde va. Atenerse a los hechos. Primer mandamiento que, al eliminar los otros nueve, reduce al silencio a quien pretenda extraer el significado de un siglo, de una década, de un año o de un día.

Perdón si defraudé a alguien copiando este texto ajeno, pero los pintores copian la realidad que siempre es más bella que el lienzo.

www.padrealejandro.com

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