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Viernes , 19.10.2018 / 17:14 Hoy

Frágiles

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Hace años visitando a un dentista, me decía: Cada vez la gente se queja más. Le pondré un ejemplo. Acuérdese de las agujas que usábamos hace años para anestesiar; eran muy gruesas; eran las mismas para las inyecciones intramusculares, aquellas que venían junto con las jeringas de vidrio en un recipiente metálico donde se ponían con agua hirviendo para esterilizarlas. Ahora usamos estas otras delgadísimas y antes de inyectar la sustancia ponemos una pasta con sabor a fresa que adormece la zona para que el paciente no sienta el piquete. Pero aun así la gente suele quejarse diciendo: ¡Qué feo sabe esta pasta!

Es evidente que es imposible darle gusto a la gente. Todo les molesta, todo los impacienta, todo les resulta incómodo. Si regresan de un viaje por Europa suelen decir: “Ay, cuando llegamos a París, nos hicieron esperar ¡cuatro horas! en el aeropuerto porque nos cambiaron de avión y tenían que revisarlo”. Es decir que estuvieron en un lugar climatizado, amplio, con asientos cómodos, restaurantes, tiendas, todo limpio, con baños pulcros… Pero lo importante es tener algún motivo para protestar, pues quejarse les resulta elegante. Es como decir: ¿Es que no se dan cuenta en la aerolínea que tengo varios días de viaje y estoy cansada?

Si nos remontamos en el tiempo a la época de la Revolución Mexicana –hace apenas cien años– y pensamos en lo que suponía un viaje de Monterrey a Chihuahua, cuando se tenía que andar en diligencias por caminos de terracería, durante más de una semana, durmiendo donde fuera posible, respirando polvo y abasteciéndose de agua en los ríos, con peligros de asaltos, secuestros de mujeres, y demás incomodidades, llegaríamos a la conclusión de que no tenemos motivos de queja.

Nuestra forma de vida, la técnica y la ciencia, junto a la mercadotecnia, nos han ido haciendo cada día más frágiles; y lo peor de todo es que estamos “educando” así a los niños. Hoy en día ya no salen a mojarse en la lluvia, no quieren salir a excursiones y campamentos, prefieren quedarse en sus casas jugando videojuegos… ¿Y los papás?… viendo la televisión.

Es un asunto como para pensar.

www.padrealejandro.com

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