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Domingo , 23.09.2018 / 09:29 Hoy

Columna de Alejandro Cortés González-Báez

El fantasma de la indecisión

Alejandro Cortés González-Báez

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En un periódico de El Paso, Texas, encontré un artículo que toca un tema de interés, y me llamó la atención el enfoque positivo de su autor: Wilson Cuevas. Aprovecho para sacar algunas ideas que me surgieron de su lectura.

El problema de la indecisión lo encontramos con frecuencia en personas que tienen otras virtudes, como por ejemplo, entre aquellos que se caracterizan por tener buen corazón. Por eso decimos que los mexicanos tenemos muy buena voluntad, pero muy poquita. Es lógico que, en muchos casos, nuestras determinaciones deban esperar, pero cuando no somos capaces de decidir sobre todo tipo de asuntos, puede ser señal de un defecto mayor en nuestra calidad como seres humanos. Con frecuencia, las personas indecisas provocan incertidumbre a su alrededor, y la incertidumbre es sumamente desgastante.

Un motivo frecuente de este defecto es el miedo a equivocarse, por lo tanto, podemos deducir que una de las causas de ello es la cobardía. Hay quienes no se casan, no aceptan un trabajo, no desean tener hijos, no se comprometen en causas nobles por puro miedo.

Tampoco faltan quienes esconden su cobardía bajo la máscara de la prudencia, tratando de evitar ser mal valorados. Dice el refrán que "el hombre que nunca se equivoca, es porque no ha hecho nada".

Entre otros problemas, la indecisión, tanto individual como generalizada, suele provocar que otros tomen las decisiones que nos corresponden a nosotros. En definitiva, quienes manejan los medios de comunicación o llevan las riendas de los pueblos deciden cómo debemos vivir. Un ejemplo de gran importancia lo encontramos en los esquemas educativos tanto a nivel nacional, como escolar, (aquí me quiero referir a los colegios o escuelas concretos).

Curiosamente los padres de familia —quienes son los principales responsables de la educación de sus hijos— se someten irreflexivamente a los programas que las instituciones del Gobierno y las escuelas les marcan, sin analizar sus contenidos, ni los métodos, ni a los profesores que imparten esos conocimientos.

Los papás se oponen a que sus hijos fumen, pues el humo del tabaco hace daño a los pulmones y, sin embargo, no les importa lo que los programas y los maestros les pueden meter en sus cabezas.

Es llamativa la fuerza que pueden conseguir unos pocos cuando están decididos y organizados. Los ejemplos de ello saltan a la vista a lo largo de la historia en todos los pueblos. Las masas no piensan, sobre todo, cuando los individuos... tampoco.

Está claro que "saber" no es lo mismo que "decidir", pero para que nuestras decisiones sean prudentes y benéficas, conviene que haya una deliberación en que puedan apoyarse. Primero, pensar; luego, decidir y; más tarde, mantener la decisión ponderada.

Nuestra sociedad necesita de unas cuantas cabezas "bien-pensantes", que tengan la capacidad de analizar nuestros sistemas de vida y sepan transmitir ideales nobles y bien estructurados a una sociedad que se ha acostumbrado a vivir cometiendo una y otra vez los mismos errores. ¡Se solicitan voluntarios!

www.padrealejandro.com

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