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Jueves , 18.10.2018 / 11:28 Hoy

Columna de Alejandro Cortés González-Báez

Armadoras y yonkes sociales

Alejandro Cortés González-Báez

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Entre las miles de formas de ganar dinero con negocios lícitos están las plantas armadoras de automóviles y los "yonkes", también conocidos como "deshuesaderos".

En las fábricas de autos se dedican a ensamblar miles de piezas distintas entre sí, cada una en su lugar, para que al final del proceso puedan trabajar todas en equipo y obtener vehículos eficientes, cómodos y seguros.

En el segundo caso tenemos todo lo contrario: Los carros chocados son desmantelados en lugares donde están amontonados para poder separar sus diversos componentes y así vender las piezas por separado.

Es cierto que los dos negocios pueden dejar ganancias económicas a sus socios capitalistas y generar, a su vez, dinero para pagar los sueldos de los trabajadores.

Aquí no me ocuparé sobre una valoración monetaria de ellos, sino me quedo con los conceptos simples de armar y desarmar los mismos materiales.

Por principio, podemos afirmar que como negocios son mejores las armadoras que los yonkes, tanto por su trabajo terminado, por los protocolos de seguridad, por la limpieza de sus instalaciones, equipos y procesos, por la precisión de los trabajos de ensamblado, por el número de personas que trabajan en ellos, por la capacitación del personal en todas las áreas, y por muchos otros motivos.

Ya estamos instalados, pues, en el extremo de la pista de despegue.

Ahora quisiera utilizar estos ejemplos para hacer una comparación con lo que todos los días apreciamos en la sociedad en que vivimos.

Muchos ven los servicios a la sociedad, y en concreto los servicios de las administraciones públicas, como negocio; lo cual no necesariamente tiene que ser malo, aunque, eso sí, deben estar perfectamente regulados por las leyes, y supervisados para que no se den abusos de poder y enriquecimientos ilícitos.

Pero por otra parte, hay quienes se afanan en dividir a los sectores sociales —especialmente a los más lastimados— para convertirlos en grupos de presión, y así conseguir beneficios para partidos políticos, grupos o individuos corruptos.

Desafortunadamente estas deformaciones de la verdadera política —que debe buscar el bien común— son tan frecuentes que nos hemos acostumbrado a ellas de forma tal que muchas veces no son sancionadas como lo exige la Ética.

No debemos temer a la diversidad pues no es mala, es algo evidente en toda sociedad y, en buena medida, es necesaria; pues gracias a ella podemos hacer más.

Si tenemos la capacidad de integrar los diversos factores humanos dentro de un clima de respeto y colaboración.

Lo que no se vale es la crítica y la zancadilla sucia.

Es evidente que la fortaleza de una sociedad depende, en buena medida, de su unidad, por eso quienes tratan de dominarla se empeñan en desunirla.

Los factores más fuertes en la cohesión social son la historia, la cultura, la religión y los ideales.

La experiencia nos enseña como muchas veces los países poderosos utilizan todo tipo de recursos para minar dichos factores.

Hagamos un sincero examen de conciencia personal para ver si somos sembradores de paz y unidad, o simples egoístas.

www.padrealejandro.com

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