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Manchón Penal

“El futbol y sus benditas formas”

Alberto Romero Rodríguez

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“El dinero te permite vivir mejor, pero no es lo que me inspira, Yo vivo para jugar al futbol no solo por sus beneficios económicos”, Lionel Messi.

De pequeño tuve la convicción de seguir a un equipo y envolverme en sus colores con una lealtad casi inquebrantable. Muchos de nosotros crecimos con la firme convicción de nunca cambiar de equipo, pues esa afición se vuelve una identidad que te permite conocer la fidelidad de una manera casi romántica. 

Aquellos que jugamos futbol en cualquiera de sus modelos llanero, semiprofesional, amateur o la clásica cascarita de amigos, sabemos que los códigos de fidelidad a un equipo se vuelven religiosamente parte de la esencia de cualquier amante a un deporte. Como profesional, aquella fidelidad se transforma en un dogma por defender tu profesión, casi como un mandamiento por encima de los colores a los que alguna vez tuviste o añoraste defender. 

Hoy en día, el futbol pareciera desquebrajar esa idea de lealtad y nos rasgamos las vestiduras con la simple idea de que nuestros ídolos cambien de un equipo a otro, sin una pizca de resentimiento. 

Veneramos a jugadores como Messi que mantiene una fidelidad intacta hacia un club que le ha dado todo como el Barcelona, pero nos olvidamos de que en el resto del planeta en muchos casos no existe una idea tan pura e inquebrantable como esta relación entre Messi y el Barcelona. 

Para muestra un botón o varios diría yo. Mauro Boselli con el León, en una relación que dejó a Mauro al pie de convertirse en el máximo exponente del club, pero con el recuerdo de haber dado varios títulos y satisfacciones a una institución que dio por terminada de manera tajante y brutal su contrato, y sin el debido cuidado de darle las gracias a un jugador que buscaba alargar su estadía, pero ya no era del agrado del club para continuar. ¿Cuántas veces no hemos sido testigos de casos similares? 

Ídolos que terminan saliendo de sus equipos por la puerta de atrás sin un solo agradecimiento por provocando el recelo de identidad hacia las instituciones. 

Ahora bien, ¿Qué pasa cuando el jugador como todo un profesional no cuida las formas e impone su voluntad para salir de un club?

No es la primera vez que un club argentino provoca una ruptura entre un jugador que es figura en un club mexicano para terminar provocando su salida, aún a costa de un contrato vigente. El caso Marcone con Cruz Azul es una singular forma de mostrar que como jugador “profesional” también importan las formas. Y es que, si bien no culpo a Marcone por querer perseguir su sueño de pertenecer a la selección argentina y jugar para el equipo de sus amores, si es de cuestionarse la falta de compromiso al tener un contrato vigente y armar toda una estrategia de salida sin importar los tiempos para dejar a una afición e institución casi desquebrajados, y con una enorme duda en un proyecto donde era un pilar indiscutible. 

Y es que, ¿acaso Marcone no pudo haber pedido su salida al termino del torneo y levantar la mano para que por ende Cruz Azul armara un nuevo proyecto ya sin él? 

El caso de Lainez es un ejemplo de como se cuidan estos aspectos y códigos que no son exclusivos del futbol. Un joven con un gran futuro que en conjunto con su directiva buscaron las mejores opciones que convinieran a ambas partes para conseguir lo que ahora se ha proclamado como la transacción más cara de la historia del futbol mexicano por un jugador de nuestro país. Y es que Lainez era consciente de que este era su mejor momento para salir del equipo de sus amores y buscar consolidar un sueño que como profesional lo lleve a otras latitudes. 

Una directiva que además está jugando un papel importante para cuidar los más mínimos detalles para dar continuidad al trabajo que les trajo un título, pero que no esta exenta de toparse con obstáculos que les pueda traer más problemas que beneficios. Estrictamente me quiero referir al caso de Nico Castillo, un jugador probado y destacado y que además está luchando por conseguir triunfar del otro lado del charco, pero que en esa búsqueda se encuentra con la necesidad de un equipo como América de contar con sus servicios y que sin más pide ser el futbolista mejor pagado de la liga para regresar a un país donde se le olvida, triunfó en Pumas, una institución que lo acobijó pero que como profesional dará lo mejor en caso de llegar al América, haciendo olvidar rápidamente su estadía por Ciudad Universitaria, siendo muy posiblemente el futbolista de mayor peso económico, pero el más odiado y cuestionado por la forma en que llegaría. 

En fin, hoy en día más allá de los aspectos románticos, los códigos de lealtad, los aspectos e intereses económicos, la presión social o del entorno, las formas en que llegas y sales de una relación laboral, social o de una institución importan de sobremanera. Hoy en día esos códigos deben ser cuidados siempre para permitirnos dejar una huella positiva por nuestro paso en cualquier ámbito por grande o pequeño que este sea y más en un mundo tan globalizado, dinámico y con tan poco respeto por el valor que como personas tenemos. 

Hasta la próxima…


Twiiter: @AlbertoRomeroMP

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