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Viernes , 22.06.2018 / 15:02 Hoy

Algo que vale la pena contar

Viernes 12 de Febrero de 2016

Alberto Boardman

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"No puedes ponerle precio al amor, pero puedes ponérselo a todos sus accesorios" Melanie Clark.

Recuerdo que durante la adolescencia estas fechas cercanas al "Día del amor y la amistad", resultaban muy productivas para mí. Prácticamente "hacía mi agosto" estando en febrero. Como buen "estudihambre" que era, ya para la universidad me había leído una buena cantidad de los libros de la biblioteca pública. Y es que además de los clásicos, no había mucho más que encontrar, así que después de terminar con la narrativa e historia, me empaqué una buena dosis de poetas. Neruda, Acuña, Nervo, Darío, Bécquer; descubrí como hacer sonetos y figuras literarias: metáfora, epíteto, hipérboles, anáforas y otras yerbas más o menos fumables.

Así que de manera discreta, puse mi primer negocio de servicios por honorarios: escribía cartas de amor a petición. Confieso que no era algo que me apasionara mucho que digamos, pero, gracias a la locura que suele generar el sentimiento, resultaba un éxito redondo. Generalmente lo hacía durante todo el año, pero estas fechas eran como la navidad y yo la única tienda de regalos. Evidentemente para los enamorados, resultaba mucho más económico y pegador una carta de amor (junto a una que otra flor robada de los jardines de la alameda) que una joya, una cena o una caja de chocolates. Con todo y que cobraba barato, (dependiendo de la extensión de la carta de veinte a cincuenta pesos de aquellos) me resultaba productivo en volumen y con ese dinero podía, ahora sí, comprarme los best sellers del momento. El oficio tenía por supuesto sus gajes. Sobre todo si la novia personal te pedía en estas fechas que le escribieras algo, obviamente después de decenas de cartas, por más inspiración que existiera la pluma se resistía a moverse. Como dicen por ahí, en casa del herrero cuchara de palo.

Lo más importante de aquel negocio era la discreción, obviamente los destinatarios nunca se enteraban de la autoría real de las misivas. Yo simplemente le preguntaba al supuesto remitente datos, que me dijera en palabras llanas lo que sentía y le daba forma de verso con rima y todo.

Me atrevería a asegurar que aquel oficio, hoy en día se ha perdido en un tiempo que queda demasiado grande para la nostalgia. Desde que enamoré a mi señora esposa no he vuelto a escribir poemas. Quizá si algún día nos desenamoramos lo retome, para enamorarla de vuelta.

Somos lo que hemos leído y esta es, palabra de lector.


radioelitesaltillo@hotmail.com

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