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Martes , 13.11.2018 / 16:32 Hoy

Algo que vale la pena contar

House of cards (2 de 3)

Alberto Boardman

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"Qué desperdicio de talento. Él eligió el dinero en vez del poder, un error que casi todos cometen. Dinero es la gran mansión en Sarasota que empieza a caerse a pedazos después de diez años. Poder es el viejo edificio de roca que resiste por siglos. No puedo respetar a alguien que no entienda la diferencia". F. Underwood

Entonces... Después de muchos años de prepararse académica y políticamente, Michael Dobbs, inglés nacido en Cheshunt, Hertfordshire, llegó a lo que pensó sería el siguiente escalón en su vida política. Era el Jefe de Gabinete en el gobierno de Margaret Thatcher y esperaba ser reconocido por méritos propios en la triunfal reelección de su jefa. Sin embargo quiso el destino que durante ese 1987, tuviera una furiosa discusión con la "Dama de Hierro" y sencillamente renunció a sus aspiraciones, a su puesto y al menos en ese momento, a la política. Se fue a su casa y comenzó a escribir una novela. Nació entonces "House of cards". La narración comienza situando al protagonista en un caso similar a lo sucedido a Dobbs, pero con una variable ¿Qué habría sucedido si en lugar de renunciar, hubiera continuado jugando sus cartas? El resultado, un éxito rotundo en 448 páginas que en 1990 se convertiría en una miniserie para televisión realizada por la BBC y hasta en una adaptación para la radio. Luego en 2013 llegaría una versión más a la pantalla chica, pero ambientada en el gobierno estadounidense.

Lo trascendente de la historia es que desnuda, tanto la realidad endeble del poder, como la gran cantidad de artimañas y bajos principios a los que se debe llegar para conquistarlo y por supuesto, mantenerlo. No existen las historias sencillas y románticas cuando de imponerse en la gobernanza se trata. Todo camino hacia el poder se encuentra pavimentado por las mismas hipocresías y víctimas tanto en Inglaterra, Estados Unidos, aquí, o en cualquier parte del mundo. Líderes con piel de revolucionarios y alma de dictadores. Sueños de cambio social convertidos en pesadillas y al final como fiel espada de Damocles, el escarnio público. Aunque con todo y ello, tratándose de poder, sólo existe un instinto primigenio... cada político lo persigue tanto como los tiburones a la sangre.

Guiño a la cámara en primer cuadro: "Este tipo entiende la diferencia entre dinero y poder. Eso es precisamente lo que lo hace peligroso. Él no mide su riqueza en jets privados, sino en almas compradas". F. Underwood.

Somos lo que hemos leído y esta es, palabra de lector.


radioelitesaltillo@hotmail.com

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