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Domingo , 24.06.2018 / 10:48 Hoy

Algo que vale la pena contar

Algo que vale la pena contar

Alberto Boardman

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Hace apenas una década, encontrar una persona hablando sola nos remitía a una lapidaria sentencia: “Mira, ese habla solito, debe estar loquito” ¿no? Sin embargo, hoy en día resulta que se trata simplemente de tecnología. Gadgets y accesorios de comunicación, como el audífono bluetooth, han vuelto ordinario el diálogo en un sólo canal presencial.

Sin embargo, para quienes desde siempre hemos gozado la bendita manía de entablar frecuentes charlas unipersonales sin el uso de tecnología, el soliloquio es una práctica que hoy por fin se reivindica. Hablar con uno mismo no siempre resulta cosa de locos, si no todo contrario. Recientes estudios científicos demuestran que hablar en voz alta, representa un síntoma de exceso en la actividad mental. Nuestro pensamiento no se detiene nunca y el cerebro se ve obligado a externarlo. Dice el reconocido Psicólogo Osvaldo Aiziczon: “El monólogo en soledad, hace evidente y tangible la convivencia con uno mismo, hablar solos, es ejercer la soberanía sobre uno mismo y rebelarse ante el mundo.”

Obviamente hay límites. Mientras escuchemos nuestra propia voz, no pasa nada. Cambia el matiz si de pronto escuchamos voces distintas a la nuestra, lo que implica cierto desapego de la realidad. Mientras no se llegue a este exceso de abstracción, cada tuerca y tornillo se encuentra en su lugar. Pero regresando al ejercicio sano, hablar solo ayuda a recordar cosas, enfocarnos en ciertas tareas. A quién no le ha pasado que al perder algún objeto, por ejemplo, las llaves, no se interroga así mismo, "¿Pues dónde las dejé?, deben estar por aquí... míralas" Al mencionar las llaves, nuestro cerebro comienza a procesar imágenes retenidas en la memoria y la búsqueda se facilita. Nuestros ojos tienen claro qué estamos buscando, en qué contexto lo hemos visto y por ende, dónde pudimos haberlo dejado. Esta habilidad requiere de una capacidad especial y compleja, se trata de internarse en el propio pensamiento y darle vida para interactuar.

Podríamos concluir que quizá en la generalidad los locos hablan solos, pero fuera de aquellas patologías médicamente reconocidas, la bendita manía del soliloquio es el grito liberado de nuestro cerebro que se jacta de no dejar de trabajar jamás.

Somos lo que hemos leído y esta es, palabra de lector.

radioelitesaltillo@hotmail.com - Twitter: @AlBoardman

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