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Sin ataduras

Señor Trump, migrar no es un crimen

Agustín Gutiérrez Canet

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En México tenemos la tendencia a mirar solo hacia el norte y ponemos poca atención a lo que pasa en el sur de nuestra región.

La política “tolerancia cero” del presidente Donald Trump es considerada en Centroamérica como una acción de terror, debido a que separó a miles de niños de sus padres, sin importar su edad.

Sin embargo, la reacción de los gobiernos centroamericanos afectados no ha sido igual. El Salvador expresó una posición de tibieza, Honduras de preocupación y Guatemala de condena.

Tampoco son iguales las causas de la migración en Centroamérica. En El Salvador se debe sobre todo a la violencia, en Honduras por la violencia y la pobreza, y en Guatemala por la pobreza, principalmente.

El gobierno de El Salvador no condenó, ni siquiera lamentó, la inhumana medida adoptada por el presidente Donald Trump contra sus ciudadanos.

Con un lenguaje neutro, en un comunicado publicado el 20 de junio, la cancillería salvadoreña anunció las acciones para garantizar la protección de los derechos humanos de sus migrantes.

El Salvador se limitó a reiterar su llamado a las autoridades estadunidenses para que se brinde información oportuna y ágil a su red consular.

Finalmente, instó a que se haga prevalecer el principio de unidad familiar y el interés superior de niño, niña y adolescente.

El tono aséptico usado por El Salvador subió un poco más de intensidad en el caso de Honduras, que al menos expresó preocupación y alarma, además de lamentar la separación de familias.

Al respecto, María Dolores Agüero Lara, secretaria de Estado de Honduras, dirigió una nota formal de fecha 18 de junio a su colega estadunidense, Michael Pompeo.

La canciller hondureña manifestó su preocupación por las medidas que resultan en la separación de padres e hijos, en muchos de los casos, de una manera inhumana.

La situación que se está produciendo es alarmante, agregó, ya que vulnera aún más la condición de los niños salvadoreños en Estados Unidos.

Honduras ofreció continuar trabajando con Estados Unidos para disminuir las causas que generan la migración irregular. Y de manera acertada señaló: “Estamos conscientes que si contra alguien debemos luchar, es contra los traficantes y tratantes de personas y no aplicar medidas que sacrifiquen de esta manera a la unidad de las familias migrantes”.

En cambio, la posición de Guatemala fue la más enérgica de los tres países que integran el llamado Triángulo del Norte en Centroamérica.

El 19 de junio, al igual que México, el gobierno de Guatemala lamentó, condenó y rechazó la política migratoria impulsada por el gobierno de Estados Unidos, por considerar que viola los derechos humanos y destruye la unidad familiar.

Asimismo, el Ministerio de Relaciones Exteriores emitió una nota al secretario de Estado de Estados Unidos, con fecha 18 de junio, en la que requirió el respeto a los derechos humanos de cada miembro de las familias involucradas, al mismo tiempo que los tres consulados de Guatemala en la frontera sur de EU brindan protección consular a los guatemaltecos que se encuentran en la zona fronteriza.

La condena de México no fue de las primeras en salir a los medios, salió justo cuando crecía la ola de indignación nacional e internacional. Salvó la cara por un día, 24 horas antes de que Trump se viera obligado a anunciar la cancelación (provisional) de la separación de niños de sus padres. Hubiera sido una vergüenza el prolongado silencio de México.

En cambio, es muy oportuna la convocatoria que hizo México a Guatemala, Honduras y El Salvador, a una reunión celebrada ayer para definir posiciones comunes en los órganos multilaterales y para apoyar a nuestros hermanos de Centroamérica.

La posición de México respecto a la migración regional debe estar basada en las siguientes premisas:

—La migración irregular no debe criminalizarse, como lo hace Trump. No es un crimen sino una falta administrativa.

—El fenómeno migratorio se debe atender por sus causas no por sus efectos, con la creación de un programa de cooperación para el desarrollo entre norte y Centroamérica.

—La migración centroamericana está causada por la violencia y la pobreza pero también por la sequía causada por el cambio climático.

Posdata

A una semana de la elección, el candidato del PRI, José Antonio Meade, está desesperado ante su inminente derrota.

Para crear confusión e intranquilidad, recurre a la siembra de columnas pagadas insinuando que el 1 de julio habrá sorpresas y difunde encuestas trucadas que lo colocan cerca del puntero.

La estrategia de desinformación pretende modificar la percepción mayoritaria sobre la victoria de López Obrador y que Meade supuestamente ganaría la elección. No explica cómo podría lograrlo, pero se insinúa que sería con el único recurso que le queda: el masivo fraude electoral.

Nada más que Meade tiene dos grandes problemas:

1. El presidente Enrique Peña Nieto no va a permitir que se le incendie el país al final de su sexenio.

2. El PRI no tiene capacidad ni tiempo para cerrar la brecha de entre 20 y 15 puntos de ventaja que tiene el candidato de Morena sobre el segundo lugar.

Así que Meade debe asumir la derrota.

@AGutierrezCanet

gutierrez.canet@milenio.com

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