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Sin ataduras

México unido contra Trump

Agustín Gutiérrez Canet

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Por fin el presidente Enrique Peña Nieto respondió con firmeza a las constantes agresiones de Donald Trump, después de la orden del gobernante estadunidense de militarizar la frontera con México.

El tono del discurso del primer mandatario se endureció en comparación con la condescendiente postura asumida después de la humillante visita de Trump a México, lo que significa un cambio plausible.

El mensaje de Peña Nieto fue muy bien recibido por la comunidad internacional que en términos generales aprecia que México haya fijado un límite, después de haber mostrado paciencia y prudencia.

Esperamos ahora que el presidente estadunidense muestre el respeto necesario para que las negociaciones en todas las áreas de la compleja relación bilateral puedan continuar en un marco de respeto a México.

De proseguir los actos inamistosos de Trump, entonces nuestro país debería adoptar las siguientes acciones justas y proporcionales:

En primer lugar, el gobierno de Peña Nieto debería cancelar de inmediato el permiso de portación de armas que el ex canciller José Antonio Meade autorizó a funcionarios del ICE, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos, que operan armados en las aduanas mexicanas con la justificación de proteger su seguridad en la tarea de agilizar los trámites aduanales en territorio nacional.

En segundo lugar, el gobierno mexicano no debe seguir tolerando que porten armas agentes de la DEA, situación anómala que no está regulada por ningún acuerdo bilateral. La tolerancia se originó con el sexenio de Miguel de la Madrid, a raíz de la tortura y asesinato del agente Enrique Camarena por parte de policías mexicanos corruptos involucrados con el narcotráfico.

Este caso provocó fuertes fricciones con Estados Unidos y puso en evidencia la debilidad del Estado mexicano para hacer respetar el estado de derecho, una de las razones por la cual nuestros vecinos no confían en nosotros.

En tercer lugar, México debería abstenerse de militarizar la frontera con Guatemala para hacer el trabajo sucio a Estados Unidos, asunto que está vinculado con las negociaciones en curso de los acuerdos en materia de seguridad, cuyo contenido e implicaciones se desconocen.

Habría que transparentar las negociaciones en curso del TLCAN y de los demás acuerdos que se están negociando en materia de seguridad y migración.

Solo ocho días antes de la orden de Trump de desplegar la Guardia Nacional, estuvo en México la secretaria del Departamento de Seguridad Nacional, Kirstjen Nielsen, quien fue recibida por el presidente Peña Nieto, luego de reunirse con el canciller Luis Videgaray, para hablar precisamente de cooperación fronteriza.

Al término de la reunión, el gobierno mexicano destacó la excelente cooperación con el estadunidense. Incluso subrayó que, aunque parezca extraño, nunca como ahora había existido una relación tan fluida y fructífera con Estados Unidos.

Pocos días después, la contradicción entre el mensaje y los hechos fue brutal. Otra vez fue evidente el desprecio de Trump al país vecino del sur, que todavía insiste en ser amigo y socio de Estados Unidos.

En cuarto lugar, México debería condicionar la compra de armas a Estados Unidos, hasta que se retiren las tropas estadunidenses de la línea fronteriza. Las secretarías de la Defensa y de Marina recibieron este año un incremento de 10 por ciento del presupuesto, buena parte para adquirir armas a Estados Unidos.

Con acciones pertinentes, no solo con enérgicos discursos, México podrá lograr una política de Estado que concite el apoyo de los mexicanos.

En un artículo anterior, propuse formar en este sexenio un nuevo gobierno de unidad nacional ante el acoso de Trump, pero advertí que no puede haber unidad en la corrupción.

El gobierno de Peña Nieto, que en general ha sido suave en combatir actos corruptos, podría atraer el consenso frente a Trump si se decide a castigar a los funcionarios responsables de fraudes y lavado de dinero que siguen en la impunidad.

Asimismo, el Presidente podría recibir el apoyo popular si garantiza que el gobierno sea imparcial y que no avalará fraudes ni compra de votos en el actual proceso electoral para favorecer a su candidato, como lo hizo en el Estado de México.

Llama la atención que Andrés Manuel López Obrador, principal líder de la oposición y abanderado de la lucha contra la corrupción, haya tendido la mano al presidente Peña Nieto por haber respondido como lo hizo.

Es una señal muy positiva que, en plena campaña electoral, el gobierno y la oposición se acerquen. Todos debemos defender la dignidad nacional, no cabe duda. Nos encontramos en una coyuntura excepcional para promover la unidad interna ante la agresión externa.

Pero la unión no puede ser incondicional. Si Peña Nieto solo se envuelve en la bandera como efecto mediático, sin cambiar con hechos las relaciones con Estados Unidos, me temo que habrá desperdiciado una gran oportunidad para reivindicarse como el presidente de la dignidad.

En cambio, si lo hace, contará con el apoyo de todos los mexicanos, tal como él mismo lo dijo, “con la certeza de que nada, ni nadie está por encima de la dignidad de México”.

@AGutierrezCanet

gutierrez.canet@milenio.com

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