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Miércoles , 12.12.2018 / 22:27 Hoy

Sin ataduras

Los enemigos del papa

Agustín Gutiérrez Canet

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Roma. En una interesante entrevista de El País con el papa Francisco, publicada el 22 de enero, el director Antonio Caño le preguntó sobre el populismo.

El pontífice respondió que el populismo es una palabra equívoca porque en América Latina tiene otro significado, distinto al que hay en Europa.

“Allí (en América Latina) —dijo el papa— significa el protagonismo de los pueblos, por ejemplo, los movimientos populares. Se organizan entre ellos… es otra cosa. Cuando oía populismo acá (en Europa) no entendía mucho, me perdía hasta que me di cuenta de que eran significados distintos, según los lugares. Claro, las crisis provocan miedos, alertas. Para mí el ejemplo más típico de los populismos en el sentido europeo de la palabra es el 33 alemán” (en referencia al año en que ocurrió el incendio del Reichstag, atribuido sin pruebas a los comunistas, que provocó el miedo de la clase media y el voto masivo a favor de los nazis).

En mi opinión, el término populista, que puede ser bueno o malo, ha sido secuestrado por los enemigos de Andrés Manuel López Obrador para denostarlo, como si fuera negativo que los pueblos se organicen para mejorar su nivel de vida.

En su cuarto año de pontificado, Jorge Mario Bergoglio sigue tranquilo pero empeñado en limpiar y renovar a la Iglesia. “En hacer lo que manda el Evangelio”, como él mismo dijo.

Los cambios que impulsa el pontífice afectan intereses y crean enemigos. Demasiados enemigos para un papa que a veces parece estar solo.

Los sectores religiosos más tradicionales lo acusan de populista y de traidor, mientras que los liberales lo perciben conservador y tibio, cuando Bergoglio abre poco a poco la puerta a divorciados y homosexuales.

Si bien Francisco pidió perdón a víctimas de sacerdotes pederastas en la introducción de un libro escrito por Daniel Pittet, quien cuenta cómo fue abusado por un religioso, algunos esperan que adopte medidas de castigo a los abusadores.

La Curia, el aparato administrativo del Vaticano, está conformada por santos y pecadores, donde no todo es corrupción ni tampoco todo está limpio. Pero lo suficiente para que haya tirado la toalla Benedicto XVI, de edad avanzada y frágil salud.

El cardenal estadunidense Raymond Burke, abierto opositor a Francisco por permitir la comunión a los divorciados, tenía un aliado en la Casa Blanca, Stephen Bannon, que se opone a la línea liberal del pontífice en favor de la migración.

Otro enemigo es el cardenal Gerhard Müller, quien acaba de ser removido por el papa del antiguo Santo Oficio, o sea, la Congregación de la Doctrina de la Fe.

El cardenal alemán se opone a la interpretación liberal de la encíclica Amoris Laetitia, y critica al ex nuncio en México y ahora secretario de Estado, Pietro Parolin, por impulsar las conversaciones de paz en Colombia y el acercamiento entre Cuba y Estados Unidos.

Hace unos meses fueron pegados carteles anónimos en calles cercanas al Vaticano con críticas a Bergoglio por destituir a sacerdotes corruptos, decapitar a la mal administrada Orden de Malta e ignorar a algunos cardenales ultraconservadores. “¿Dónde está su misericordia?”, preguntaba el cobarde anónimo.

Cuatro cardenales escribieron al papa, en tono desafiante, para cuestionar la apertura hacia los divorciados: Walter Brandmüller, Raymond Burke, Carlo Cafarra y Joachim Meisner. El papa simplemente los ignoró, pero siguen furiosos.

En Italia, el núcleo anti-Bergoglio se concentra en los diarios Libero, Il Giornale, Il Tempo y Foglio, así como varios escritores italianos de derecha.

Pero los problemas también vienen desde fuera de Roma.

El encargado de poner orden en las finanzas del Vaticano, George Pell, tuvo que renunciar y regresar a Australia para responder a las acusaciones judiciales de encubrimiento a sacerdotes pederastas.

En México, el cardenal Norberto Rivera, quien no se identifica con el papa argentino, compareció ante el Ministerio Público, hecho sin precedentes, por una acusación similar. El proceso debe concluir con que se haga justicia a las víctimas y se castigue a los responsables.

El papa designará en los próximos meses al sucesor de Rivera, quien renuncia por razones de edad, y seguramente estará más identificado con la línea de apertura del pontífice jesuita de apoyo a los pobres y no tan cerca de los ricos.

Francisco, sencillo y con credibilidad, goza de gran popularidad entre los creyentes de todo el mundo. En Estados Unidos, cerca de 70 por ciento simpatiza con el pontífice.

En México, en 2013, según una encuesta de Reforma, 86 por ciento tenía una opinión favorable de Francisco por la defensa que hizo de los migrantes mexicanos y la condena al muro de Trump.

Hoy el papa sigue atrayendo a miles de feligreses que abarrotan cada miércoles la plaza de San Pedro para recibir su bendición.

“Recen por mí”, suele pedir el vicario de Cristo. Que Dios ayude a Francisco en la tarea de impulsar los cambios que requiere la Iglesia, a pesar de sus enemigos. Que sepa que no está solo.

Posdata

El pasado domingo, cuatro días antes del atentado terrorista, caminé tranquilamente por Las Ramblas junto con miles de turistas. Solidaridad con las víctimas de Barcelona, ciudad abierta y hospitalaria. Rechacemos el odio, la ignorancia y el fanatismo. Defendamos la libertad, el respeto y la tolerancia.

@AGutierrezCanet

gutierrez.canet@milenio.com

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