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Martes , 25.09.2018 / 11:02 Hoy

Cambio y fuera

Trump, la nube del fascismo

Adriana Malvido

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Difícil conciliar el sueño antenoche, cuando la peor de las pesadillas se hacía realidad: Donald Trump, presidente electo de Estados Unidos. A las 2.40 am, David Remnick, editor de The New Yorker, subía su texto "Una tragedia Americana" a la revista. La urgencia, ante el triunfo del magnate en las urnas, era para advertir: "el fascismo no es nuestro futuro —no puede ser, no podemos permitirlo—, pero esta es seguramente la manera como puede empezar".

Para Remnick, la elección de Trump es una tragedia en Estados Unidos y significa el triunfo de las fuerzas, internas y externas, del nativismo, el autoritarismo, la misoginia y el racismo, "un evento enfermo de nuestra historia y de la democracia liberal", "un golpe aplastante al espíritu" y el paso hacia un periodo de incertidumbre política, social y económica, inimaginable aún. Prevé: una Suprema Corte cada vez más reaccionaria; un ala derecha empoderada en el Congreso; un presidente cuyo desdén por las minorías, las mujeres, las libertades civiles, la evidencia científica y la decencia ha sido demostrado. Su "ilimitada vulgaridad" no solo hace temblar los mercados, sino el corazón de los más vulnerables y de todos los Otros que ha insultado: los afroamericanos, los hispanos, los judíos, los musulmanes... Los instintos más bajos que se mantienen en privado solo requieren, para manifestarse, de un líder demagogo que asuma los resentimientos de millones de votantes, sus furias y la idea de un mundo conspirando contra sus intereses. Lejos de irse, concluye el editor, "tenemos que luchar, honorable y ferozmente en nombre de nuestros ideales. Es lo que nos queda".

A las 5 am, Rob Riemen escribe desde Holanda un correo a sus colegas americanos, hace un llamado al análisis sobre el retorno del fascismo en Europa y su llegada a este lado del mar. El populismo mezclado con una dosis de nacionalismo, resentimiento y odio, es el falso rostro del fascismo que se acerca mientras que las izquierdas y derechas por igual "han renunciado a sus principios" por una política de "conveniencia y pragmatismo".

Poco después, escucho a la canciller Claudia Ruiz Massieu, la misma que felicitó a Daniel Ortega, de Nicaragua, decirle a Loret de Mola, con una extraña sonrisa en la boca, que México está listo para trabajar con Trump y su equipo. Más tarde, lo mismo dijo Enrique Peña Nieto. Qué pena.

adriana.neneka@gmail.com

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