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Domingo , 22.07.2018 / 07:24 Hoy

Cambio y fuera

La felicidad de Miguel León Portilla

Adriana Malvido

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Antes de entrar al teatro Juan Ruiz de Alarcón, donde la UNAM le rindió un homenaje en su 90 aniversario, escuché a Miguel León Portilla cuando saludó a su sobrina Concha: "¡Te dije que iba a vivir muchos años, voy a llegar a los 100!". Luego expresó ante un auditorio repleto: "Mi vida ha sido muy feliz, estoy en paz con mi vida porque ha sido muy generosa conmigo".

Durante el homenaje, la memoria me llevó hasta su casa cuando una tarde, mientras me hablaba del Códice Alfonso Caso, recordó un antiguo poema y lo tradujo en voz alta: "Yo soy como un florido papagayo, hago hablar a las pinturas en la casa de los códices". Para el autor de Visión de los vencidos, "de las pinturas brotan las palabras". Así, de la energía intelectual de don Miguel, han brotado la historia, la poesía y la filosofía de los antiguos mexicanos en su propia voz, pero también el renacimiento de la literatura indígena en voz de sus descendientes. Como se dijo en el homenaje, el maestro ha dado un soplo de vida a ciudades y vestigios inertes.

El historiador, filósofo, filólogo, nahuatlato, arqueólogo de textos, humanista, escritor, maestro y editor ha compartido, siempre entusiasta, su erudición. En las crónicas y cantares, traducidos por él, revela la hondura del saber filosófico náhuatl, la desolación de los hombres y la flor y el canto como aquello que encuentran los poetas para darle sentido a la vida. Gracias a León Portilla, Nezahualcóyotl y otros sabios del pasado cantan hoy sus pensamientos, su cosmogonía y sus dudas existenciales.

Si sabio es aquél que ayuda a otros a encontrar su verdadero rostro y a educar su corazón, don Miguel ha sabido serlo durante seis décadas formando historiadores, escritores y lectores en diversas lenguas. Ejerce la sabiduría con gracia, ingenio y sentido del humor y con firmeza cuando cuestiona la opulencia de los menos frente a la pobreza de los más, cuando defiende los derechos indígenas o cuando asegura que la diversidad cultural y lingüística es nuestro mayor tesoro.

Entendemos que sea feliz quien honra a sus maestros y admira el talento de sus alumnos; quien a sus 90 años, con libros traducidos a decenas de idiomas y considerado el intelectual mexicano más reconocido en el mundo, dice que su vida está siempre llena de novedades; quien sabe que "la amistad es lluvia de flores preciosas"; quien reconoce en público a su esposa Ascensión Hernández, Chonita, como brillante filóloga y agradece sus cuidados cuando "estuve a punto de entregar los tenis"... quien puede irse a dormir, como él por la noche del lunes, lúcido, lleno de proyectos y agotado de tanta alegría.


adriana.neneka@gmail.com

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