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Viernes , 25.05.2018 / 18:12 Hoy

Cambio y fuera

Federer y el 11/S

Adriana Malvido

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Hoy hace 13 años, el 11 de septiembre de 2001, con el atentado de Al Qaeda a las Torres Gemelas de Nueva York, se desató uno de los episodios más terribles de la historia contemporánea, cuya secuela nos alcanza estos días con la brutal ejecución de los periodistas James Foley y Steven Sotloff por parte del grupo yihadista islámico Isis.

Dos días antes del atentado en Wall Street, en el Abierto de Tenis de Estados Unidos de 2001 que tiene lugar cada año en Queens, el australiano Lleyton Hewitt le ganaba la final al favorito Pete Sampras y se convertía, a los 20 años de edad, en el número uno.

Miré por televisión las escenas terroríficas del 11/S, pero confieso que también he pasado muchas horas viendo partidos de tenis y que he gozado, sobre todo, el juego de Roger Federer, capaz de despertar una emoción similar a la que produce el arte. Y ahora que el suizo tenía todo para levantar la copa del Abierto de Estados Unidos de 2014, lo vi perder el sábado pasado en semifinales, ante el croata, hoy campeón, Marin Cilic.

Mientras observaba al mejor tenista de la historia salir cabizbajo de la cancha en Flushing Meadows, recordé una vieja frase suya: “A veces necesitas una derrota para ser más fuerte” y recordé también el intercambio epistolar entre Paul Auster y J.M Coetzee (Aquí y ahora, cartas, 2008-2011), donde la pasión por los deportes es uno de los grandes temas y Federer, motivo de polémica.

Coetzee describe al tenista haciendo una volea cruzada de revés y otros momentos de “gracia” que, dice, no pueden ser planeados racionalmente sino que parecen descender como una especie de bendición desde lo alto. Y añade: “Uno empieza envidiando a Federer, de ahí pasa a admirarlo y por fin termina ni envidiándolo ni admirándolo, sino exaltado ante la revelación de lo que puede hacer un ser humano, o por lo menos uno como él (…) ¡qué honor pertenecer a la especie de la que ese hombre es representante!”. Entonces se pregunta si lo que satisfacen los deportes en el espectador es una cuestión estética o ética: la necesidad de héroes, la búsqueda de momentos de heroísmo y de nobleza… Y veo al suizo, derrotado, felicitar a Cilic (ocho años menor que él), y decirle en la red: “Me alegro por ti”. Y al público: “Es emocionante para el deporte tener caras diferentes, es algo refrescante”.

Para Auster, una lección del deporte es que “sin el máximo esfuerzo no es posible el verdadero placer”. Dice que el juego de competencia enseña más sobre la derrota que sobre la victoria, porque nos enseña que perder no es malo, que perder no es lo peor que hay en el mundo, puesto que en los deportes, a diferencia de la guerra, el ganador no degüella al perdedor. Además, “mientras sigas en el juego, siempre habrá un mañana, una nueva oportunidad para redimirse”.

Y ahí, en Flushing Meadows, días antes del aniversario del 11/S, quedó claro que a pesar del horror, también son posibles momentos de gracia ante los que, como diría Coetzee, “los espectadores ni siquiera quieren aplaudir, solo dar las gracias en silencio por haber estado ahí en calidad de testigos”.

adriana.neneka@gmail.com

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