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Cambio y fuera

El Espacio Escultórico y el paisaje

Adriana Malvido

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Los volcanes son de los pocos regalos del paisaje que todavía podemos disfrutar en la Ciudad de México. En días claros, a pesar del tráfico y la neurosis, de colonias divididas y destrozadas por nuevas vialidades y de las agresiones visuales constantes, el Iztaccíhuatl y el Popocatépetl aparecen de pronto y nos recuerdan que el diálogo con la naturaleza aún es posible.

En ese sentido, el Espacio Escultórico (EE) de la UNAM, no solo es una obra fundamental del siglo 20 en México y en el mundo, sino un lugar privilegiado para sostener ese diálogo, desde el arte contemporáneo, con el horizonte natural. Lo decía Chillida: "¿No será el horizonte la patria de todos los hombres?".

El nuevo edificio H de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM bloquea la vista del EE hacia los volcanes y rompe la integración de una obra maestra del arte urbano con el paisaje. Por eso, 12 mil ciudadanos se suman a cientos de artistas, arquitectos y paisajistas que demandan enmendar el daño y proponen una solución: desmontar los cuatro niveles superiores del edificio que, por tratarse de una estructura metálica, puede ser removida y reubicada en otro sitio, de manera que no se limitan las necesidades de crecimiento de la universidad ni se sacrifica el patrimonio artístico.

Inaugurado en 1979, el EE fue concebido y realizado en su conjunto por Helen Escobedo, Manuel Felguérez, Mathías Goeritz, Hersúa, Sebastián y Federico Silva. La obra, inscrita en un circulo de 120 metros de diámetro enmarcado por 64 prismas, es el único punto de la ciudad desde el que uno puede voltear 360 grados sin ver edificios y está rodeado por la más grande reserva ecológica de la capital del país. Los autores decidieron poner en práctica principios olvidados por cientos de años: "buscar hacer del arte un gran acontecimiento para todos y para siempre".

Hoy, Felguérez expresa con tristeza: "Condicionamos nuestra participación a que nos garantizaran que se iba a conservar el ambiente (...) creíamos en la Universidad y nos defraudó" (Excélsior, 5/02/16). Mañana miles de artistas y ciudadanos se reunirán en el EE mientras que la UNAM asegura que formará un grupo interdisciplinario para analizar la propuesta.

¿En dónde estábamos todos cuando se levantó la torre? "Creo que no es un problema de malas intenciones, sino de valemadrismo", me dijo en 1983 Mathías Goeritz en una entrevista sobre paisaje urbano. En el caso del EE, que tanto nos importa, confiamos en la UNAM y en la posibilidad de conservar la integridad estética de uno de los lugares más bellos de la Ciudad de México en el Centro Cultural Universitario.


adriana.neneka@gmail.com

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